En los últimos años la Organización Mundial de la Salud viene advirtiendo acerca de la urgente necesidad de articular y gestionar un enfoque integral de control de vectores, orientado a reducir la carga y amenaza de enfermedades transmitidas por los mismos. Dicho enfoque debe considerar los cambios en la transmisión y riesgo de las enfermedades, vinculados a la urbanización no planificada, el incremento en el desplazamiento de personas y enseres, cambios en el medio ambiente, así como dificultades de índole biológica como el desarrollo de resistencia de los vectores además de la evolución de las cepas de los patógenos.
Hace algunos días, el 24 de setiembre, los ministros de salud de Las Américas acordaron el fortalecimiento de las acciones para prevenir daños a la salud transmitidos por vectores, sobre la base de un enfoque inclusivo de acceso a servicios de salud de calidad considerando que en la mayoría de casos se trata de poblaciones vulnerables y muchas veces alejadas de servicios de salud con capacidad resolutiva. Con relación al plan sobre entomología y control de vectores se han planteado cinco ejes de trabajo para los países: 1. Fortalecer el trabajo multisectorial a nivel de varios programas y sectores para que colaboren en la prevención y el control de los vectores. 2. Involucrar y movilizar a los gobiernos y las comunidades locales, incluidos los servicios de salud. 3. Mejorar la vigilancia de los vectores y la evaluación de las medidas de control, incluido el monitoreo y el manejo de la resistencia a los insecticidas. 4. Evaluar e integrar los enfoques comprobados o novedosos para controlar a los vectores y ampliarlos a mayor escala cuando sea posible. 5. Capacitar de manera continua en entomología y control de vectores no sólo a los expertos, sino también a los trabajadores de la salud pública.
Orientados al objetivo 3 de desarrollo sostenible, “Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades”, y en particular al punto 3.3 en el que se hace referencia a enfermedades transmitidas por vectores, es necesario, entre otras muchas cosas, validar nuevas herramientas, tecnologías y enfoques de intervención contra los vectores. En ese contexto, considerando los brotes de dengue, Chikungunya y Zica de los últimos años, la búsqueda de alternativas para el control de Aedes aegypti, en particular, es realmente prioritaria.
Sobre la vigilancia entomológica de este vector, se discute la sensibilidad y predictibilidad de los indicadores que tradicionalmente se emplean para definir riesgo de transmisión. Se ha puesto en tela de juicio la capacidad de inferir una relación entre uno o más de estos índices y los brotes. Se viene evaluando la pertinencia del uso de indicadores más sensibles como el índice pupal relacionado a población humana o área, así como el uso de indicadores a partir de la distribución espacial de larvitrampas.
Así mismo la resistencia de poblaciones de Aedes aegypti a insecticidas, demostrada a partir de pruebas bioquímicas colorimétricas para detectar grupos enzimáticos, de biología molecular para detección de mutaciones y de exposición a ingredientes activos con mosquitos de diferentes localidades, han obligado a intensificar la búsqueda de nuevos productos y estrategias.
En cuanto a métodos alternativos de control, han surgido posibilidades interesantes, algunas de ellas ya implementadas con éxito en varios países de la región. El Spinosad, un producto natural derivado de la bacteria Saccharopolyspora spinosa, mezcla de espinosina A y espinosina D, representa una alternativa de fácil uso, así como de comprobada efectividad y residualidad. Estudios realizados en varios países como EEUU, Panamá, México y Perú, con el producto NATULAR DT de Clarke (WHOPES 636/TC & 636DT), revelan efecto letal por más de 60 días.
La acción del producto está vinculada a la despolarización de las neuronas a partir de la activación de los receptores nicotínicos, causando hiperactividad generalizada en el sistema nervioso, generando contracciones involuntarias, temblores y fatiga neuromuscular. Otras opciones que se vienen evaluando las constituyen el uso de la bacteria Wolbachia, que ha cobrado relevancia a partir de estudios que demuestran que impide el desarrollo del virus del dengue. Esta estrategia se basa en la liberación programada de mosquitos portadores de Wolbachia, los mismos que al ser liberados en el campo se aparean con los insectos locales, transmitiendo la bacteria de generación en generación.
Un método adicional en investigación supone el uso de machos estériles irradiados, una técnica que ha sido desarrollada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), de Naciones Unidas, y que está siendo replicada en varios países de la región con alentadores resultados.
Urge promover la investigación básica y aplicada orientada a generar enfoques de intervención innovadores a partir del engranaje del sector estatal, la academia y la empresa privada. Por último, pero no menos importante, es de vital trascendencia el desarrollo de destrezas y capacidades en el personal que ejecuta las labores de control de vectores. Para ello, establecer programas de entrenamiento y capacitación permanentes debe ser prioritario.
