El universo del Patrimonio Material Nacional está constituido tanto por bienes de dominio público o privado del Estado Nacional, de los Estados Provinciales y Municipales como por bienes de particulares, sean personas físicas o jurídicas. La aparición de una especie animal en el patrimonio puede o no ser suficiente para considerarlo plaga, ésto lo va a determinar su nivel poblacional y dispersión en el patrimonio afectado. Por consecuencia podríamos enfocar en primera instancia a las plagas según Dispersión en áreas Urbanas, rurales y silvestres. Esta dispersión va a verse favorecida de acuerdo al comportamiento etológico de la especie y las condiciones naturales y artificiales del espacio, ya que este comportamiento va a estar marcado naturalmente en la especie por la búsqueda natural de refugio, alimento y anidamiento. Es por esto que la problemática plaga en el patrimonio cultural es de características generales pero particular de cada caso – y va a determinarse de acuerdo a la especie plaga: no sólo va a estar relacionada por el tipo de patrimonio a conservar sino que su contexto y el radio a considerar según la composición material de la colección (condiciones bióticas y biológicas a las que está sometido), las características de su contexto inmediato (características físicas y mecánicas) y su periferia (ubicación geográfica y su medio ambiente). Las plagas no son del patrimonio, sino de la determinación geográfica en el que está inmerso el patrimonio y esto va a enmarcar los
criterios y marcos teóricos y prácticos para su estudio y tratamiento. Para abordar la problemática plagas en el patrimonio es necesario establecer protocolos específicos dentro del plan de conservación de las colecciones que a su vez contemple los aspectos que en estos momentos cubre el sistema domisanitario ya que éste no contempla en su tratamiento químico, físico y mecánico la especificidad de las plagas y la materialidad de la colección o los edificios históricos – artísticos. En Argentina existen actualmente trabajos realizados sobre plagas con tratamientos de eliminación puntual sobre objetos o de aparición de plagas en algunas colecciones, pero no de manera integral dentro del plan de conservación con protocolos y mediciones estadísticas de la problemática
plagas desde el punto de vista integral y formal. La gestión integral de plagas es un sistema proactivo que previene la incidencia del impacto de las plagas en el cual se utilizan una variedad de elementos estratégicos dependiendo donde se aplica: físicos, mecánicos, químicos, biológicos, genéticos, legales y culturales (relacionado al campo de aplicación con sus protocolos específicos) para el control de plagas. Es un método que aspira a reducir el uso de plaguicidas y minimizar su impacto en el medio donde se aplica. Más allá de la necesidad de establecer protocolos apropiados de manejo de plagas en espacios y objetos de importancia patrimonial, se hace cada vez mas imperante la necesidad de contar con estrategias de control en general que minimicen el uso de plaguicidas.
El tratamiento de xilófagos es complicado, debido a que los insectos pasan gran parte de su ciclo dentro de la madera, lejos del alcance de cualquier plaguicida, mientras atacan construyendo galerías. Muchas veces el daño se evidencia cuando estructuralmente poco queda de la pieza. Para soslayar ese difícil acceso, se utilizaron tradicionalmente gases tóxicos que, pese a su elevada toxicidad en humanos y su impacto medioambiental, parecían ser la solución definitiva debido a su poder de penetración. El bromuro de metilo, y sobre todo la fosfina (liberada al medio mediante la hidrólisis de fosfuros metálicos sólidos) se utilizó ampliamente no sólo en mobiliario y estructuras de madera (vigas, tirantería, etc) sino en el acopio y transporte de granos almacenados. Por supuesto, el uso de ese producto tiene consecuencias muy nocivas y ha sido responsable de accidentes toxicológicos graves, lo que inhabilita su uso. Además, como es un agente químico muy reactivo, ataca las piezas metálicas tratadas, por eso es inviable su uso en materiales metálicos, o con metales en su composición (pianos, por ejemplo). En Argentina, los fumigantes tóxicos generalmente aprobados para uso residencial fueron Bromuro de metilo, oxido de etileno y fosfina. Sin embargo, en las instalaciones de los museos, el uso de gases tóxicos es fuertemente desaconsejado, principalmente por razones de seguridad. Pero si fuera necesario encontrar una razón adicional para desaconsejarlos, se podría considerar el efecto visual de los dos gases en los materiales de pintura. Koestler y colaboradores (1993) evaluaron el impacto de algunos gases tóxicos en treinta combinaciones de lino, tamaño de cola de piel de conejo, base de aceite de plomo blanco y pinturas a base de aceite empleando once pigmentos inorgánicos diferentes. La comparación se basó en una evaluación visual realizada por dos conservadores de pinturas de cambio de color, cambio de brillo, escaldado, cambio de topografía y precipitación. Estos estudios demuestran que, aunque hay muchas maneras de eliminar las poblaciones de insectos de los museos, ninguna es más segura o más protectora de la integridad de los objetos que el uso de una atmósfera controlada. Describiremos aquí brevemente una opcion de tratamiento físico, el uso de gases no tóxicos (argón, nitrógeno y dióxido de carbono) para eliminar insectos plaga en los objetos de museos o de importancia patrimonial. Los conservadores están seleccionando este enfoque porque se sienten más cómodos y seguros de que con el uso de gases inertes es mucho menos probable que se dañen los objetos que mediante otros procedimientos. Se ha sabido que los curadores insisten en la anoxia (que se define como una deficiencia de oxígeno que llega a los tejidos corporales de tal gravedad que causa daños permanentes) en bolsas de plástico transparentes en materiales de baja transmisión de oxígeno para que puedan vigilar sus cargas durante el tratamiento. Los métodos de congelación y térmicos también son efectivos cuando se llevan a cabo correctamente. Son populares porque permiten transportar y tratar grandes cantidades de material. Pero la congelación y el calentamiento, por su naturaleza, deben llevar los objetos a temperaturas desacostumbradas donde a menudo
ocurren cambios no deseados. Por el contrario, el tratamiento de los bienes culturales en una atmósfera inerte en lugar de aire proporciona un entorno más estable donde el deterioro es menos probable. Por ejemplo, el uso de un ambiente con poco oxígeno impedirá el crecimiento biológico, evitará la oxidación de la superficie y retardará el desvanecimiento del color. Los estudios de Burke (1992), Arney, Jacobs y Newman (1979) y otros muestran que la longevidad de la mayoría de los colorantes orgánicos aumenta sustancialmente en una atmósfera de nitrógeno con menos de 1000 ppm de oxígeno. Un estudio de este tipo examinó varios pigmentos inorgánicos en estas condiciones y descubrió que tres de ellos, litargirio (PbO), cinabrio (HgS) y siena (principalmente Fe2O3), mostraban ligeros cambios de color después de una exposición de un mes. Además, Valentín (1990) encontró que los bajos niveles de oxígeno
pueden usarse para inhibir el crecimiento tanto de bacterias como de hongos. La discusión anterior ayuda a explicar el rápido crecimiento de la anoxia y la fumigación con dióxido de carbono como procedimientos de conservación. En 1990, estos métodos eran prácticamente desconocidos en la comunidad museística, aunque se estaban realizando estudios en varias instalaciones. En la mayoría de los lugares, estos estudios rápidamente dieron paso a la práctica. La apreciación de esta nueva tecnología de preservación se ha extendido rápidamente a través de publicaciones periódicas, documentos presentados en reuniones y cursos de capacitación de anoxia. Nieves Valentín, del Instituto del Patrimonio Histórico Español (anteriormente el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales) en Madrid, realizó talleres en España y América Latina y llevó este enfoque al control de plagas a instituciones españolas como el Museo del Prado, la Fundació Joan Miró, el Museo de Artes Decorativas y el Palacio Nacional de Bellas Artes, así como los Archivos Generales Nacionales de Colombia y el Palacio Nacional de Bellas Artes de Cuba. John Burke, con el Centro de Conservación del Museo de Oakland, brindó capacitación a conservadores en California a través de una variedad de formatos, incluido un taller en el Museo de Historia Natural de San Diego en 1996 titulado “Plagas en colecciones: control de insectos y hongos en las colecciones culturales”, que incluía el tratamiento con dióxido de carbono. El Getty Conservation Institute ofreció programas sobre control y control de plagas para museos en Los Ángeles en 1994 y en Londres en 1996. La bioquímica de la mortalidad por nitrógeno y argón difiere algo de la del dióxido de carbono, pero todos estos gases deben su eficacia a la desecación. Es importante que los conservadores entiendan esto porque los factores que impactan en la desecación, como la temperatura y la humedad, son importantes en el diseño y operación de los sistemas de tratamiento. En vista de estos antecedentes, nuestra empresa recomienda la aplicación de Argón como gas inerte en el tratamiento de bienes patrimoniales. Pese al costo mucho más elevado, posee ciertas ventajas sobre el nitrógeno y el dióxido de carbono. Es un gas más pesado que el aire, lo que supone un desplazamiento más eficaz del oxígeno en el sistema. Los tiempos de mortandad
en los insectos expuestos es considerablemente menor que para el uso de otros gases. Además, ciertos hongos xilófagos fijan el nitrógeno, favoreciendo su desarrollo. La carbonatación o acidificación de algunos sustratos es el punto débil del tratamiento con dióxido de carbono. El tratamiento consiste en el encarpado (en material barrera al oxígeno y al vapor de agua) de la pieza a tratar, manteniendo patrones de temperatura y humedad constantes durante todo el tiempo de aplicación. Tanto estos parámetros como la concentración de oxigeno ( nunca mayor a 1000 ppm) se monitorean durante el tratamiento, de una duración total aproximada de diez días, plazo suficiente para controlar en todos los estadios presentes (huevos, larvas, pupas y adultos) la totalidad de los insectos por más profundo que se encuentren. El sistema poseerá durante todo el tratamiento una atmósfera del gas inerte (argón en este caso) con presión positiva, regulada mediante un sistema de control diferencial de presión. Esta estrategia resulta sumamente eficaz y amigable con el medio ambiente, y controla no solamente xilofagos debido a su gran poder de penetracion, sino tambien es aplicable a otras plagas que afectan obras pictoricas, como polillas, piojos y tisanuros en material bibliográfico, pudiendo extenderse su uso en otros ambientes o situaciones importantes, como en granos almacenados, alimentos procesados y envasados, etc. Su aplicación requiere de materiales especiales para lograr la situacion de infimas concentraciones de oxigeno, sistemas de control de temperatura y humedad para evitar cambios bruscos en las piezas sensibles, equipo para termosellar el film de baja permeabilidad al oxigeno, detectores de oxigeno de elevada sensibilidad. Por ello esta estrategia debera ser practicada por aquellas empresas con experiencia en el tema, no solo en el aspecto tecnico y la implementacion del sistema, sino tambien en el manejo de las piezas objetivo del tratamiento,
muchas veces de enorme valor patrimonial, cultural y económico.
“Los métodos de congelación y térmicos también son efectivos cuando se llevan a cabo correctamente”
