Algunas personas suponen que el negocio de control de plagas es algo muy simple, después de todo. Por otro lado, el crecimiento de la empresa está asegurado ya que plagas las hay en todos lados, además que para muchos sectores es un requisito establecido por regulaciones gubernamentales y normas internacionales de comercio. Nada más seguro y alejado de amenazas, riesgos negativos, al mismo tiempo que rodeado de oportunidades, riesgos positivos.

Pero para quienes se encuentran ya involucrados en el manejo de plagas como fuente de recursos para subsistir, seguramente se han enfrentado a situaciones parecidas a las siguientes: perder un contrato por no tener capacidad instalada, enfrentar reclamos por afectaciones a la salud, detectar faltantes de plaguicidas en inventario, retrasar certificaciones por no conformidades, recibir quejas por ineficiencia del servicio, enfrentar auditorías adversas, tener reclamos por daño a mascotas o por residuos de insecticidas en exportaciones, e incluso explicar reportes que el cliente percibe como insuficientes.

Posiblemente podrá afirmarse que estos y otros casos son gajes del oficio, que es imposible anticiparse y que el mejor manejo del negocio es saber responder a cada uno en su momento. Al final de cuentas, la empresa ha funcionado así desde hace 10, 15 o 20 años y sigue produciendo dinero. Sin embargo, también es notable que surgen cada vez más competidores, y no todos cumplen con los mínimos requisitos legales que el país exige para su funcionamiento.

Si hay algo que no es fácil de aceptar es el cambio, en los modelos de negocio, en los métodos en el control de plagas, en las exigencias de clientes y autoridades, en los insumos disponibles, en la mentalidad de los empleados, en las regulaciones o en el entorno competitivo del sector. Si el cambio no se acepta, mucho menos puede prevenirse. Resistencia que impide darse cuenta que es posible adaptarse e incluso adoptar el cambio en beneficio del negocio.

Durante muchos años, en muchas ocasiones y en diversas charlas a controladores de plagas, surgió la cuestión de si era conveniente la certificación en ISO 9000 o al menos recomendable. En la pregunta y comentarios se percibía la certificación como muchas de las “medallas” que las compañías exhibían en su publicidad junto con logos de importantes empresas fabricantes de plaguicidas o de organizaciones de los cuales se tomaron cursos pero presentadas como “certificaciones”.

Para muchos las siglas ISO representan papeleo, trámites o duras auditorías, pero en realidad ISO, por International Organization for Standardization, busca homologar diversas normas y guías existentes. Se cree que son aplicables solo a grandes corporativos o a maquiladoras en serie, pero no necesariamente a pequeñas y medianas empresas, a las que la mayoría de las compañías de control de plagas pertenecen.

También se piensa que se debe esperar el mejor momento en el desarrollo de la empresa para pensar en certificarse o que solo son necesarias para cuando les es requerida por algún cliente. La certificación es solo la evidencia de dicha preocupación, que brinda a sus clientes mayor seguridad en la forma en que recibirá los servicios en el manejo de aquellos insectos, arácnidos o roedores que les causan pérdidas económicas, daños a su reputación, riesgos de salud o reclamaciones.

La implementación de las normas ISO permite una mejor adaptación a la innovación y la mejor gestión de sus recursos. Se dice que la mesa más estable es aquella que es construida con tres patas. Podría decirse que lo mismo ocurre con las normas ISO y las tres normas básicas: ISO 9001:2015, ISO 14001:2015 e ISO 45000:2018.

La familia de normas ISO 9000 se enfoca a los aspectos de la gestión de calidad en los procesos de la empresa y su consecuente reflejo en la calidad del producto y, desde el año 2000, aplicable también a servicios, mejorando este aspecto en su nueva versión de 2015, cambiando de “realización de productos” a “operaciones”, enfocándose en la gestión del riesgo. La implementación de ISO 9001:2015 en la empresa permite un mejor manejo de su recurso humano, atención a reclamaciones, gestión de contratos y otros aspectos comunes a muchas empresas.

El desarrollo de los planes de control de plagas y su seguimiento se ven considerablemente beneficiados con esta norma, facilitando su seguimiento, gestión de riesgos y análisis de tendencias, en beneficio del cumplimiento de los requerimientos más exigentes que pueden afectar a la propia empresa y sus clientes. Esto, en combinación con la adopción de métodos MIP, favorece la competitividad con el ahorro en el uso de plaguicidas, sin detrimento, e incluso mejora de los resultados de los programas de control de fauna nociva e incremento del prestigio y recomendación de los servicios de la compañía.

La certificación en ISO 14001:2015 permite al controlador de plagas cumplir con las regulaciones ambientales a nivel local e internacional. En el sector es claro que una empresa que usa sustancias calificadas como potenciales contaminantes, aun las más leves, al reducir el impacto de su trabajo en el medio es siempre un beneficio a los ojos de los clientes. Esto incluye la mejor gestión desde su programación, rotación y volumen de uso, manejo de caducidad, ciclo de vida, y manejo de residuos, incluyendo envases vacíos.

En este punto vale la pena mencionar las ventajas fiscales y económicas que las aportaciones en la protección ambiental se generalizan en los mercados mundiales.

La mayoría de las compañías fumigadoras urbanas tienen presente la famosa prueba periódica de acetil-colinesterasa a sus técnicos, la que debería indicar el nivel de afectación a aquellos por la aplicación y exposición a plaguicidas que afectan directamente a esta enzima involucrada en la transmisión nerviosa, como organofosforados o carbamatos, pero no el ocasionado por otros que son usados cada vez con mayor frecuencia, igualmente con riesgo.

Para facilitar, afrontar y prevenir los riesgos laborales, la ISO 45000:2018, que sustituirá a la OHSAS 18001, es ahora más compatible con los sistemas de gestión, lo que la hace más fácil de implementar a favor de la reducción de los riesgos para el personal y otras partes interesadas, la mejora del desempeño y la mejora de la salud y seguridad de aplicadores y todos los empleados de la compañía.

La vigilancia de la salud y seguridad de los trabajadores conlleva importantes beneficios a la empresa, desde la ética al crear un ambiente laboral cada vez más seguro, pasando por las económicas al reducir costos de tratamientos y pagos de seguridad social, además de discapacidades y ausentismo que impactan en la capacidad de personal para atender los servicios. Por otro lado, el cumplimiento de leyes laborales tipificadas ante derecho penal y derecho civil.

Por supuesto, existen otras normas igualmente aplicables como son ISO 37000, o norma antisoborno, particularmente valiosa en quienes trabajan para entidades gubernamentales, pero igualmente aplicable para las privadas; la ISO 19600, que permite la gestión del cumplimiento normativo; ISO/IEC 27001, que permite el manejo y control de datos personales de sus clientes; o la ISO 22301, para la gestión de la continuidad del negocio ante crisis o incidentes de alto impacto.

La revisión de las normas ISO ha permitido que algunas de ellas sean compatibles y por lo tanto ser susceptibles a ser manejadas como un Sistema Integrado de Gestión. Esto permite una implementación más sencilla y económica, ya que al compartir la orientación a la satisfacción de las partes interesadas, la mejora continua o ciclo PDCA y el enfoque basado en procesos y riesgos, además de estructuras similares y requisitos análogos.

También, en el caso de optar con la certificación, recomendable, se haga una buena selección de la entidad que la otorgue con el rigor y costos óptimos. Mucho se habla de la búsqueda del reconocimiento de la importancia del manejo integral de plagas y de los profesionales dedicados a ello, lo que podrá alcanzarse hasta que se demuestre con hechos que el gremio invierte en la mejora de sus procesos, en conjunto con su compromiso ambiental y social. Evolucionar o desaparecer.