El área de control de plagas es uno de los sectores con mayor riesgo ocupacional. En la práctica corriente, varias de las operaciones periódicas llevadas adelante en el marco de las acciones de control de roedores pueden conducir a una serie de riesgos a los que están expuestos el propio trabajador, otros trabajadores cercanos a él, el entorno y hasta la misma comunidad.

En el marco de una intervención de control de roedores es necesaria, entonces, la adopción de un conjunto de medidas con el fin de disminuir o eliminar los riesgos producidos por agentes infecciosos o por elementos que no son estrictamente de origen biológico, como rodenticidas e insecticidas. Esto es particularmente relevante en contextos de transmisión de enfermedades, como puede ser un brote de leptospirosis, de peste o de hantavirus.

En este marco, la bioseguridad se define como el conjunto de medidas preventivas destinadas a mantener el control de factores de riesgos laborales procedentes de agentes biológicos, físicos o químicos, logrando la prevención de impactos nocivos y asegurando que el desarrollo o el producto final de dichos procedimientos no atenten contra la salud de los trabajadores, la comunidad y el ambiente.

El propósito de este artículo es brindar pautas de bioseguridad para aquellas personas involucradas en el control de roedores, de manera tal que se garantice, por un lado, la seguridad personal de quienes están directamente afectados a la labor y, por otro lado, de manera indisociable, la seguridad del entorno.

Estructuración de un programa de bioseguridad

En la realización de estudios y control de roedores se deberá considerar la permanente exposición a una variedad de riesgos para la salud relacionados con el trabajo. Si bien estas actividades no implican la manipulación o el uso deliberado de patógenos, éstos pueden llegar al trabajador a través del contacto con roedores o sus secreciones, así como con objetos y sustancias contaminadas por aquellos. Como se ha mencionado, a esto se añade el riesgo representado por el uso de raticidas y de insecticidas para el control de ectoparásitos.

Por ello, es imprescindible que las instituciones y empresas que realizan trabajos en terreno que involucran muestreo, captura, control, manipulación, procesamiento y/o eliminación de roedores incluyan medidas de bioseguridad para el desarrollo de todas las tareas antes mencionadas.

Las líneas directrices que deben vertebrar el esquema de bioseguridad se deben focalizar en seis aspectos principales.

A. Establecimiento de reglas y estándares de seguridad adecuados

Se establecerán reglas y estándares que deberán proveer las metodologías necesarias para la disminución de los riesgos de exposición causados por errores humanos, uso inadecuado de equipamientos o malas prácticas en trabajos en terreno. Es importante que estas normas sean elaboradas por personal que tenga pleno conocimiento de las actividades que se desarrollan en el área de su incumbencia.

B. Información y formación del personal

Para el cumplimiento de las normas de seguridad, es fundamental que los trabajadores logren una toma de conciencia a través de la capacitación y entrenamientos permanentes. Por ello, se deberá realizar en primera instancia una formación teórico-práctica de todo el personal y actualizaciones periódicas que incluyan buenas prácticas de trabajos en terreno, mantenimiento general de los equipos de trabajo, procedimientos de descontaminación y descarte de materiales y procedimientos para emergencias.

Es importante garantizar que los trabajadores reciban una formación suficiente y adecuada e información sobre los riesgos potenciales para la salud que conciernen a su labor, las precauciones que deberán tomar para prevenir la exposición a agentes biológicos y químicos, las disposiciones en materia de higiene, la utilización y empleo de ropa y equipos de protección individual.

Es imprescindible facilitar a todo el personal técnico y auxiliar adiestramiento continuo en estas medidas, ya que las prácticas incorrectas y los errores pueden invalidar todas las medidas de bioseguridad. El conocimiento es el elemento más importante que posee una persona para poder desarrollar la percepción de riesgo necesaria para proteger su salud.

C. Control de la aplicación de las reglas y estándares de seguridad

La participación de todo el personal en el control de las normas establecidas es fundamental ya que en esencia cada trabajador está obligado a cuidar su propia seguridad y la de sus compañeros, reportando actos o condiciones de riesgo en el trabajo. Es importante que cada trabajador desarrolle una actitud crítica hacia los procedimientos establecidos a fin de detectar posibles falencias.

D. Registro de accidentes y situaciones de trabajo inseguras

Un accidente puede ocasionar o no una lesión reconocida en el trabajador o en los que lo rodean, pérdidas de insumos y materiales, deterioro o alteración del ambiente y pérdida de tiempo, entre otras consecuencias. La principal causa señalada por los trabajadores para no reportar un accidente es que no consideran lo sucedido de suficiente importancia. La accidentalidad es un hecho frecuente en los trabajos de terreno, siendo el accidente con lesión corto-punzante el más frecuente.

Si bien el mismo no conlleva importancia por la lesión en sí misma, la potencialidad de la gravedad en cuanto al riesgo biológico de transmisión de patógenos obliga a otorgarle adecuada dimensión. Todo incidente debe ser informado. Es responsabilidad de todos los trabajadores reportar a quien se establezca actividades o condiciones de trabajo inseguras que pongan en peligro la salud de las personas o puedan contaminar o alterar el entorno. Se llevará un registro de accidentes en formularios destinados para ese fin y se deberá establecer un sistema de archivo de los mismos.

E. Control del estado de salud del personal

Los objetivos de esta vigilancia son proveer un medio por el cual se puede realizar una detección temprana de infecciones adquiridas, así como medir la eficacia del equipamiento de protección y de los procedimientos realizados. Se recomienda realizar un examen pre-ocupacional o al momento de la asignación de las actividades de riesgo.

Todo trabajador que padezca síntomas de enfermedad asociados a alguno de los agentes patógenos presentes o sospechados en la zona deberá informar a su supervisor inmediato y consultar al médico, informando a éste sobre las actividades efectuadas y sobre la posibilidad de enfermar por algún agente transmitido por roedores. El reconocimiento temprano de una enfermedad y la apropiada atención pueden salvar la vida del trabajador. El médico deberá tomar en ese momento una muestra de suero del paciente y deberá enviarla junto con el suero base a la institución de salud correspondiente para el estudio de los agentes infecciosos.

F. Inmunoprofilaxis

Entre las medidas específicas indicadas para disminuir los riesgos ocupacionales de los empleados de un programa de control de roedores, las recomendaciones vacunales no pueden estar ausentes. Proporcionar al personal expuesto la vacunación o quimioprofilaxis específica para cada caso. Los criterios para la toma de decisión sobre qué vacunas aplicar al personal deberán contemplar, además de las vacunas aconsejadas por las normas nacionales de vacunación, la vacunación antitetánica y, si fuera el caso, aquéllas contra los microorganismos patógenos probablemente presentes en las áreas de trabajo.