El patrimonio como ecosistema

Cuando pensamos en una biblioteca antigua, un archivo histórico o un museo de ciencias naturales, solemos imaginarlos como espacios estáticos, silenciosos, ajenos al ruido del mundo exterior. Sin embargo, desde la perspectiva de la entomología aplicada, estas instituciones son ecosistemas artificiales donde conviven —o combaten entre sí— materiales de origen orgánico y una fauna especializada en su explotación. La paradoja es evidente: las mismas colecciones que resguardan la memoria de la biodiversidad se convierten, si las condiciones de conservación son deficientes, en el sustrato ideal para el desarrollo de nuevas generaciones de insectos. Un herbario del siglo XIX, una encuadernación en piel o una escultura en madera policromada no son solo “objetos”: son recursos tróficos para una comunidad de artrópodos que incluye desde los xilófagos hasta los detritívoros más especializados. Cuando nos enfrentamos a una pieza patrimonial colonizada por insectos, el conflicto es siempre el mismo. Sobre la mesa de trabajo descansa un objeto que ha sobrevivido décadas —quizá siglos— y que ahora alberga una población activa de algún lepidóptero o algún coleóptero que se alimenta de ese objeto. Como conservador, la primera obligación es con la pieza. Pero como técnico, no es posible disociar su supervivencia de la erradicación de aquello que la está consumiendo. En los últimos años, desde BioRacional hemos intervenido muchísimas piezas con infestación activa: libros, esculturas policromadas, textiles, instrumentos musicales antiguos, colecciones y mobiliario. Este artículo no es una revisión bibliográfica, sino que intenta ser una crónica de taller, basada en la metodología que hemos aplicado, validado y, en muchos casos, adaptado o corregido sobre la marcha. Un objeto de valor patrimonial no admite ensayo-error. Cada pieza es un caso único, y cada intervención debe documentarse como lo que es: un acto clínico sobre un paciente no reemplazable. El presente artículo aborda la intervención sobre piezas de valor patrimonial con infestación activa. Proponemos un modelo de actuación basado en el diagnóstico entomológico preciso, la selección de tratamientos inocuos para el sustrato y la integración de estas acciones en un programa más amplio de

La toma de decisiones: lo que el ojo del entomólogo no ve

Antes de cualquier tratamiento, nos vemos obligados a responder una pregunta incómoda: ¿estamos realmente ante una infestación activa? Durante años hemos recibido piezas derivadas como “urgentes” que, tras una inspección detenida, mostraban solo daños históricos. El olor a aserrín, la presencia de exuvias y los orificios de salida no bastan. Se necesitan evidencias de infestación activa. Para eso pueden emplearse varios métodos:

Inspección con lupa binocular (10x-40x). Los orificios activos presentan bordes limpios y, en ocasiones, un fino anillo de aserrín compactado. Los orificios inactivos suelen estar obturados por polvo ambiental o presentan bordes redondeados. Prueba del papel adhesivo. Se aplica suavemente una tira de película de polietileno de baja adhesión sobre la superficie. Si quedan partículas brillantes translúcidas —excrementos o aserrín reciente— puede asumirse actividad en las últimas 72 horas. Golpeteo controlado sobre una superficie blanca. Si caen partículas finas y brillantes (aserrín fresco), se asume actividad reciente. Exposición a estímulo lumínico. Los adultos de Anobium son fototáctiles negativamente; si ocultan la cabeza en la galería al incidir la luz, están vivos. Periodo de observación en cuarentena. Para piezas pequeñas, empleamos bolsas de polietileno transparente durante 72 horas. La condensación de humedad o el movimiento dentro del envase confirman la presencia de metabolismo activo. Registro de sonido amplificando con micrófonos ultrasensibles la eventual actividad de xilófagos.

Los actores del biodeterioro: identificación y diagnóstico diferencial

Principales especies presentes: Es crucial destacar que el conocimiento del ciclo biológico no es una cuestión académica, sino una herramienta táctica. Tricorynus herbarius presenta una mayor susceptibilidad a la anoxia durante los primeros estadios larvarios; los huevos, por su protección coriónica y su baja tasa metabólica, requieren exposiciones más prolongadas. Ignorar este dato conduce a éxitos aparentes: adultos eliminados, pero huevos viables que reinician la infestación semanas después. Principales especies presentes:

Métodos comunes de tratamiento con atmósferas modificadas

Dentro del ámbito del control de plagas en patrimonio cultural y bienes almacenados, las atmósferas modificadas constituyen una familia de métodos físicos que actúan alterando la composición gaseosa del entorno del insecto, provocando su muerte por mecanismos que no implican toxicidad química residual. En BioRacional distinguimos varias aproximaciones principales dentro de esta categoría, que constituyen nuestro estándar de intervención por su compatibilidad universal con materiales sensibles. Anoxia con nitrógeno (N₂).Consiste en desplazar el oxígeno del aire mediante la inyección de nitrógeno hasta alcanzar concentraciones inferiores al 0,3 %. El nitrógeno es un gas inerte, incoloro e insípido que constituye el 78 % de la atmósfera terrestre. Al ser purificado del aire ambiente mediante generadores de membrana —o, en su defecto, suministrado desde cilindros de alta presión—, crea un entorno donde los insectos, sus larvas y huevos no pueden mantener la respiración aeróbica, muriendo por asfixia en un plazo que depende de la temperatura, la humedad relativa y el estadio biológico de la plaga. Su principal ventaja es su total inocuidad química: no reacciona con pigmentos, tintas, adhesivos ni fibras, y no deja residuos de ningún tipo. Estudios comparativos respaldan que, a diferencia de otros métodos, la anoxia con nitrógeno puede aplicarse a cualquier combinación de materiales sin alterar sus características macroscópicas ni moleculares. Sin embargo, existen algunas restricciones si se sospecha la presencia de ciertos mohos que podrían prosperar en atmósferas ricas en nitrógeno. Atmósferas enriquecidas con dióxido de carbono (CO₂). Este método, ampliamente utilizado en la industria alimentaria y el control de plagas en productos almacenados como granos y cereales, actúa mediante un mecanismo dual: por un lado, el CO₂ desplaza parcialmente el oxígeno, contribuyendo a la hipoxia; por otro, en concentraciones elevadas (generalmente superiores al 60 %), posee un efecto narcotizante y acidificante sobre los tejidos del insecto, alterando su equilibrio ácido-base y acelerando su muerte. Es particularmente eficaz como tratamiento correctivo cuando se requiere un control rápido de infestaciones activas. Sin embargo, en nuestra experiencia y según la literatura especializada, su aplicación sobre patrimonio cultural debe ser evaluada con cautela, especialmente en presencia de ciertos pigmentos o materiales carbonatados, donde la elevada concentración de CO₂ podría teóricamente inducir reacciones químicas no deseadas. Atmósferas con argón (Ar) y otros gases nobles. El argón, al igual que el nitrógeno, es un gas inerte que desplaza el oxígeno por medios puramente físicos. Algunos estudios sugieren que, debido a su mayor solubilidad en agua y tejidos lipídicos, podría interferir con enzimas clave del metabolismo de los insectos, aunque este mecanismo no está completamente dilucidado. En la práctica, su uso es menos frecuente debido a su mayor costo e impacto ambiental. En BioRacional empleamos argón de forma rutinaria, debido a que posee ciertas características especiales que lo hacen superior al nitrógeno, como su densidad, su envasado con niveles de oxígeno despreciables y su nula reactividad. Métodos de desplazamiento: dinámico vs. estático. Un aspecto crucial en la generación de atmósferas modificadas es la estrategia empleada para alcanzar y mantener la concentración letal de gases. En nuestra práctica distinguimos dos modalidades fundamentales. El método dinámico, también conocido como “purgado continuo” o “flujo”, consiste en una inyección constante o intermitente de gas a través de la cámara de tratamiento, compensando posibles pérdidas por permeabilidad o pequeñas fugas en el sistema de confinamiento. Este enfoque es particularmente útil para piezas de gran formato o cuando se utilizan cámaras flexibles con cierto grado de permeabilidad, ya que permite mantener las condiciones anóxicas de manera estable durante todo el período de exposición. El método estático, por el contrario, implica un único evento inicial de desplazamiento del oxígeno, tras el cual el sistema permanece herméticamente cerrado sin aporte adicional de gas. Para que este método sea efectivo, se requiere un sellado de altísima calidad con materiales de barrera multicapa que impidan la difusión del oxígeno atmosférico hacia el interior. En BioRacional, para nuestros tratamientos estándar con bolsas de alta barrera, empleamos una variante del método estático reforzada con un cálculo preciso del volumen de gas necesario para alcanzar la concentración objetivo en un único ciclo de purga inicial. Secuestrantes de oxígeno: una alternativa química para la anoxia. Junto a los métodos basados en la inyección de gases, existe una aproximación radicalmente distinta para generar condiciones anóxicas: el uso de secuestrantes de oxígeno (oxygen scavengers). Estos productos, comercialmente conocidos como Ageless®, RP System® o ZerO2®, consisten generalmente en sobres que contienen partículas de hierro de valencia cero que, al reaccionar con el oxígeno atmosférico, se oxidan formando óxidos férricos estables, eliminando así el oxígeno del ambiente confinado. Este proceso reduce la concentración de oxígeno por debajo del 0,1 % en un plazo de 24 a 72 horas. La principal ventaja de este método es su simplicidad operativa: no requiere generadores ni botellas de gas, lo que lo hace ideal para piezas pequeñas, intervenciones in situ o instituciones sin infraestructura técnica especializada. Sin embargo, presenta limitaciones significativas: la cantidad de secuestrantes necesaria escala linealmente con el volumen de la cámara, pudiendo resultar poco práctica para piezas de gran tamaño. Además, algunos secuestrantes generan calor durante la reacción de oxidación, por lo que deben colocarse sin contacto directo con la pieza. Investigaciones recientes han detectado también emisiones de ácidos orgánicos por parte de ciertos tipos de secuestrantes, lo que aconseja evaluar cuidadosamente su uso con materiales sensibles como ciertos pigmentos, metales o superficies carbonatadas. Consideración crítica: la hermeticidad como factor común. Independientemente del gas seleccionado y del método de desplazamiento empleado, todos los métodos de atmósferas modificadas comparten un requisito técnico ineludible: la necesidad de un confinamiento estanco. Ya sea mediante bolsas de alta barrera multicapa (polietileno-aluminio-polietileno), cámaras rígidas o estructuras flexibles selladas, la eficacia del tratamiento depende de mantener la concentración del gas durante todo el período de exposición. En BioRacional hemos desarrollado protocolos propios de verificación de estanqueidad, incluyendo pruebas de presión previas y monitoreo continuo con analizadores de oxígeno calibrados, que nos permiten garantizar las condiciones letales durante el tiempo requerido para cada especie y estadio. En acción: El establecimiento de una atmósfera letal Componentes imprescindibles: • Bolsas de barrera multicapa (polietileno-aluminio-polietileno). Las bolsas de polietileno simple no sirven más allá de su espesor: el oxígeno difunde a través de ellas en menos de 48 horas. Se requiere un material que sea poco permeable al oxígeno, con bajos valores de OTR (Oxygen transmission rate). • Sellador termoplástico para alcanzar perfectos valores de estanqueidad. • Bomba de vacío: necesaria para completar ciclos de vaciado/llenado del sistema. • Cilindros de gases de alta presión, con sus reguladores apropiados a cada tipo de gas. • Analizador de oxígeno. Es el punto crítico del sistema. Existen distintos sistemas de registro y detección, cada uno con sus limitaciones: celdas electroquímicas, sensores de óxido de zirconio, paramagnéticos y luminiscentes. • Data logger de temperatura y humedad relativa. La humedad es tan crítica como el oxígeno. Si desciende por debajo del 35 %, algunos soportes celulósicos se vuelven quebradizos; en valores elevados pueden activarse hongos latentes. Ahora bien, ¿cuánto tiempo hay que mantener la situación de anoxia? Durante años empleamos cifras extraídas de manuales: 21 días a 25 °C, 30 días a 20 °C. Pero la realidad muestra que los tiempos dependen de variables que no siempre se pueden controlar. • Los huevos de Anobium punctatum requieren, en condiciones estándar (24 °C, 50 % HR, <0,3 % O₂), un mínimo de 22 días para perder completamente su viabilidad. A los 18 días, aún se observan emergencias puntuales. • Stegobium paniceum es más sensible: 16 días son suficientes, pero es mejor mantener la atmósfera durante 21 por seguridad. • Las larvas de Tineola bisselliella son las más resistentes. En una intervención sobre un tapiz, se “NO PORQUE CREAMOS QUE ES INFALIBLE, SINO PORQUE HEMOS ACUMULADO SUFICIENTES FRACASOS CON ELLA —Y LOS HEMOS DOCUMENTADO— PARA INTENTAR EVITAR QUE SE REPITAN.” “EL INSECTO NO ES EL PROBLEMA; ES EL SÍNTOMA.”

requirieron 38 días para certificar la mortalidad total. Por esto, al identificar la presencia de lepidópteros, se extiende el tratamiento a 35 días como estándar. Limitaciones del tratamiento. Lo que la anoxia no resuelve: 1. No consolida. Un libro con galerías profundas sigue siendo frágil después del tratamiento. La muerte del insecto no recupera el material perdido. 2. No previene reinfestaciones. No deja residuos; su acción es curativa pero no preventiva. 3. No elimina manchas. Los excrementos y las secreciones permanecen. Su eliminación es competencia de la restauración, no de la entomología aplicada. Lo que la anoxia sí garantiza (si se hace bien): • Cero residuos tóxicos. • Cero interacciones químicas con pigmentos, tintas o adhesivos. • Cero alteraciones dimensionales si se controla la humedad relativa.

Conclusiones

Quince años atrás, la anoxia representó para BioRacional una alternativa de enorme complejidad frente a otros métodos establecidos. Hoy representa nuestra única vía de intervención. No porque creamos que es infalible, sino porque hemos acumulado suficientes fracasos con ella —y los hemos documentado— para intentar evitar que se repitan. Cada pieza que tratamos nos obliga a ajustar algún parámetro. Cada especie nos recuerda que la biología no se rige por manuales. Pero cada vez que abrimos una bolsa tras 28 días y comprobamos que nuestros indicadores biológicos han muerto, que la pieza está intacta, que el cliente puede manipularla sin equipo de protección, confirmamos que tomamos la decisión correcta y que hoy nos hemos posicionado como referentes no solo en el país, sino en otros países de América Latina, donde ya hemos sido convocados a participar. Mantenemos un intercambio fluido con miembros de Museum Pests, dictando también talleres locales de capacitación a miembros de museos nacionales. El insecto no es el problema; es el síntoma. Nuestro trabajo no termina cuando el último adulto muere por anoxia. Termina cuando comprendemos por qué llegó y cómo evitar que vuelva.