Los seres vivos son entes que requieren tres requisitos mínimos para poder establecerse y desarrollarse en un ambiente: alimento, agua y refugio. Bajo esa premisa, dentro de una producción avícola que brinda dichas condiciones puede originarse el desarrollo de seres vivos no deseados, diferentes a las aves de crianza y del hombre, los cuales pueden ser perjudiciales para la producción. A estos seres se les denomina plagas, siendo las más comunes en la avicultura las moscas, Musca domestica, el escarabajo de cama, Alphitobius diaperinus, roedores, Rattus rattus, Rattus norvegicus y Mus musculus, y las aves silvestres de diversas especies.

El Alphitobius diaperinus o escarabajo de la cama

Es una de las plagas de mayor distribución en producciones avícolas. Ocasiona enormes pérdidas en granjas y almacenes de grano alrededor de todo el mundo. El Alphitobius es un coleóptero perteneciente a la familia Tenebrionidae que posee cuatro estados de desarrollo bien diferenciados.

Los huevos miden alrededor de 1,5 milímetros, eclosionando entre los 3 y 13 días dependiendo de las condiciones ambientales. Éstos se encuentran generalmente debajo o alrededor de tolvas de alimento y equipos de bebida.

Las larvas poseen de 5 a 7 estadios que realizan entre 3 a 9 meses. Su comportamiento es nocturno, lucífugo y omnívoro, y representa la fase que ocasiona mayor daño por su capacidad de morder, dañando la impermeabilidad de las instalaciones, haciendo galerías en postes y muros, además de generar estrés en las aves durante la noche.

Las pupas se encuentran enterradas en el suelo, refugiadas en galerías al interior del techo o postes. Este estado dura de 4 a 17 días y puede prolongarse si las condiciones son adversas.

Los adultos son de hábito nocturno, lucífugo y gregario. Presentan atracción por el amoníaco y tienen la capacidad de volar, aunque lo realizan sólo para migrar en un radio de 0,5 a 1 kilómetro. Las hembras tienen la capacidad de colocar hasta 2.000 huevos durante su vida, que puede variar de 2 meses a 1 año.

La importancia de realizar un adecuado control se basa principalmente en evitar las posibles consecuencias negativas que ocasionan, dependiendo del nivel de infestación y del tipo de infraestructura. Su presencia genera el incremento del riesgo sanitario por ser vectores y reservorios de diversas enfermedades de importancia avícola y, como consecuencia de ello, elevar considerablemente la mortalidad afectando los parámetros de producción.

También causan estrés en el ave, reducen el índice de conversión alimenticia, generan desuniformidad en la parvada, complican el manejo en la crianza y pueden reducir la calidad del producto final debido a que esta plaga puede morder y perforar la piel de las aves. Además, causan deterioro de la infraestructura, incrementando los gastos en mantenimiento.

Es por lo anterior que se plantea la necesidad de establecer diversos métodos de control que se complementen y permitan su aplicación de forma sostenible en el tiempo, que sean eficientes y económicos en conjunto. A esa estrategia se la denomina manejo integrado de Alphitobius.

El manejo integrado de esta plaga debe tener como base realizar un buen diagnóstico sobre el conocimiento de las características de la plaga, su comportamiento, su ciclo biológico, sus preferencias alimenticias, así como las características del lugar y las actividades del manejo que pueden predisponer y favorecer su ocurrencia, como son piso de tierra con suelo arenoso, piso desnivelado, modelo de galpón con mayor número de postes que puedan representar refugio, presencia de muros alrededor del galpón, poca luminosidad, un inadecuado manejo de la cama que propicie el aumento de la humedad y concentración de amoníaco, mala distribución del material de cama, fugas de agua y derrame de alimento por una mala ubicación de equipos.

Una vez realizado el análisis de riesgos específico para cada establecimiento, se deberán implementar las estrategias del manejo integrado de esta plaga, diferenciando dos etapas: la primera preventiva, durante la crianza, y la segunda correctiva, durante el vacío sanitario.

Durante la crianza, el plan de control preventivo debe basarse en las buenas prácticas de manejo a fin de dar las mejores condiciones de crianza a las aves e indirectamente desfavorecer la multiplicación del insecto. Esto implica mantener la cama nivelada, suelta y sin champas o costras; manejar adecuadamente el ambiente del galpón de día y de noche, realizando una adecuada ventilación para mantener bajos los niveles de amoníaco.

También se debe verificar la altura de los bebederos, así como su buen estado, evitando la existencia de fugas o goteras que deterioren el estado del material de cama y ocasionen exceso de humedad. Evitar la caída de alimento durante la distribución, asegurándose que los comederos se encuentren a un correcto nivel sobre el suelo. Finalmente, que los derrames de alimento y la mortalidad sean recogidos y desechados de forma oportuna.

En la etapa de vacío sanitario, todos los esfuerzos deben estar orientados a disminuir la presencia del insecto a la mínima expresión posible, debiendo empezar por decidir el momento oportuno y número de aplicaciones del insecticida elegido. Estas aplicaciones podrán realizarse inmediatamente después de la venta de los animales, durante el compostado en caso de reúso de cama o previo a la recepción de la cama nueva.

Respecto al producto a elegir, actualmente en el mercado existen insecticidas líquidos y en polvo de variada eficiencia, de diversos grupos químicos como organofosforados, piretroides, neonicotinoides, IGR y mezclas comerciales, cuyo efecto para cada estadio puede ser más específico y residual que otro y cuyo objetivo y eficacia se verán relacionados a dos factores fundamentales: la metodología de aplicación y el equipo de aplicación.

En cuanto a la metodología, se debe considerar que previamente a la aplicación se tiene que hacer un barrido total del predio a fin de reducir los lugares de refugio, teniendo presente que las aplicaciones podrán causar la muerte de los estados larvarios y adultos, más activos y expuestos, que entren en contacto directo con ellas. Por lo tanto es imprescindible asegurar que los tratamientos sean direccionados a las áreas claves como postes, debajo de tolvas, muretes y sobre techos, logrando una adecuada penetración hasta sus zonas de refugio.

Por otro lado, también puede elegirse un producto residual que permanezca activo el tiempo suficiente en los lugares claves hasta que los huevos y pupas, de menor actividad y escondidos, tengan contacto con éste durante el ingreso del nuevo lote de aves. Se debe considerar que el producto seleccionado tenga un tiempo prudencial para realizar su efecto antes de aplicar otro producto químico, como detergentes o desinfectantes, que pudieran tener reacciones adversas que reduzcan el tiempo de vida de la molécula insecticida.

Sin embargo, aun teniendo el mejor producto, la metodología adecuada debidamente establecida y contando con personal competente, no se tendría éxito sin contar con el equipo de aplicación y de protección personal en óptimas condiciones. Con el primer punto nos aseguramos de tener la velocidad de aplicación, calidad de gota o dispersión del polvo deseados, y con el segundo punto nos aseguramos de que el personal operativo realice la actividad con la confianza de que su integridad está garantizada.

Es importante tener presente que no se puede hablar de un control al 100 por ciento, pero sí es posible mantener la incidencia de la plaga en un nivel subeconómico considerando las pautas ya descritas, teniendo un programa establecido y tomando medidas técnicas adicionales de ser necesarias, trabajando en orden, limpieza, cultura de trabajo, fomentando conciencia y capacitando al personal y/o clientes.