El MANEJO INTEGRADO DE PLAGAS (MIP) es reconocido como una de las construcciones más sólidas que surgieron en las ciencias agrícolas durante la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, la historia del MIP se remonta a finales del 1.800s, cuando se identificó a la ecología como la base científica en protección de cultivos (Kogan M., Annu. Rev. Entomol., 1998;43:243-70). Este concepto, originario y arraigado en las ciencias agropecuarias, ha permitido sentar los fundamentos para el diseño e implementación de programas de gtarelli@chemotecnica.com manejo profesional e integral de plagas urbanas, industriales y organismos vectores de enfermedades. Asumiendo que el ámbito agropecuario versus el urbano e industrial son diametralmente opuestos, debe considerarse que una visión holística respecto al control racional de organismos perjudiciales para la humanidad nos permitirá ser más eficaces y eficientes en la concreción de estrategias destinadas al control. El origen del control de plagas, como actividad destinada a la eliminación de roedores, surgió a principios de la edad media (500-1.100 DC). Con el correr del tiempo, la evolución de las herramientas de control químico fue empoderando al ser humano, al punto tal de hacernos creer factible el exterminio de aquellas especies consideradas como plaga. Nuestra esencia nos indica que podemos dominar el mundo, cuando en realidad solo representamos el 2,32 % del total de biomasa del planeta. Si quisiéramos simplificar la interpretación de lo que somos en conjunto frente a la biomasa de insectos, podríamos decir que 1 humano equivale a 200 millones de insectos (M. Dourojeanni, Rev. Entomol. Peruana 45:11-17,2006), o que 1 kilo de humano equivale a 302 kilos de insectos. La proporción que ocupamos se ve ínfima en relación con aquellos organismos que pretendemos “controlar” (gráfico 1). Estamos en a una “competencia” desigual sin duda alguna. Mientras algunas moscas pueden colocar 200 a 300 huevos en el ambiente y completar su ciclo de desarrollo entre 8 y 12 días, el ser humano suele gestar un embrión en 9 meses, alcanzando su madurez (reproductiva) al menos luego de 12 años. Más cerca de nuestra especie, los roe dores sinantrópicos, cuyas hembras pueden gestar en 21 días hasta 9 gazapos que alcanzarán su madurez sexual al cabo de 3 meses. Biológicamente, la gran diferencia a nuestro favor es la longevidad, factor que el resto de las especies compensan y/o exceden, en cantidad de generaciones por año. Nuestra especie se encuentra hace 315.000 años en el planeta, mientras que las cucarachas ya llevan 250 millones de años en la faz de la tierra (gráfico 2). Sin entrar en terrenos filosóficos, simplemente siendo realistas y aplicando sentido común (no siempre el mas común de los sentidos), podremos darnos cuenta de que la aniquilación o erradicación de cualquier especie de organismo que nos anteceda sería una fantasía. El pontencial biótico que manifiestan los organismos plaga es sumamente elevado y tiene relación directa con la cantidad de descendientes que puede generar cada hembra por ciclo, la celeridad con la que alcanzan la madurez y la superposición de generaciones por año. En muchas de las especies, principalmente las que desarrollan dentro de estructuras, las condiciones medioambientales no afectan el desarrollo normal de las colonias y la superposición de diferentes cohortes es continua. Estas capacidades favorecen rotundamente el desarrollo de ventajas adaptativas y la expresión de genes que confieren resistencia frente a las acciones de presión selectiva que puede utilizar nuestra especie (ej.: aplicación irracional de plaguicidas). De más está decir, que la definición de plaga es exclusivamente antrópica, razón por la cual el hombre define que es o no plaga en función del nivel de afectación que el GRÁFICA 1 organismo en cuestión ocasione. De hecho, la proporción de artrópodos y/o vertebrados que representan plagas reales para el ser humano, ocupan una muy baja proporción que se encuentra por debajo del 1 %. Lo crítico de esto, es que cualquier organismo posicionado en el 99 % restante, podría categorizarse como plaga si invadiera o deteriora instalaciones, o si vectorizara alguna enfermedad que altere la vida normal de nuestra población. En este sentido hemos ido comprendiendo donde focalizar nuestros esfuerzos, priorizando el control de organismos “nocivos” cuando se trata de mantener la inocuidad de los alimentos o frente a la transmisión de enfermedades. Si quisiéramos simplificar el proceso de evolución de las prácticas destinadas al manejo racional y profesional de plagas a nivel urbano e industrial, podríamos utilizar el gráfico 3. Actualmente la categorización de empresas de servicio responde en parte a esta evolución. Aún hoy, se denominan “cucaracheros” a los aplicadores que fundamentan su servicio en el uso de plaguicidas químicos. Por otro lado, aquellos prestadores de servicios que han maximizado las estrategias de prevención y control físico de plagas por sobre el uso de herramientas químicas, podrían ocupar la categoría de empresa profesional. La formación técnica, el conocimiento respecto a las necesidades y aspectos biológicos de las especies, la implementación de estrategias de hermeticidad y exclusión, las modificaciones sobre el ambiente o procesos críticos, el buen GRÁFICA 2 GRÁFICA 3 uso de plaguicidas si fuera necesario y la optimización del tiempo y administración mediante la implementación de sistemas de gestión, son algunas de las diferencias sustanciales que hoy contemplan las empresas de primer nivel. Claramente el tipo de servicio prestado va en concordancia con el tipo de cliente atendido. Las empresas a las que se exige mayor nivel de profesionalismo suelen ser aquellas que prestan servicios a la industria alimentaria, básicamente por que deben cumplir con estándares internacionales con el fin de garantizar la inocuidad de los alimentos. Hay empresas pequeñas muy profesionalizadas y empresas muy grandes sumamente deficientes y viceversa. La calidad del servicio no tiene que ver con la dimensión de empresas, si con el compromiso y formación de operarios, técnicos y propietarios. La humanidad continúa en crecimiento, a mayor población, sin duda mayor demanda de servicios habrá (gráfico 4). Mientras la población continúe aumentando, también lo hará la producción primaria a nivel agrícola y pecuario, la industrialización de alimentos, el crecimiento de ciudades y urbanizaciones hacia zonas despobladas, la generación de residuos y nuestra influencia sobre el cambio climático. A esta altura debemos asumir la convivencia en tiempo, pero no en espacio con estos organismos. Siempre podremos mantenerlos fuera de nuestras estructuras, si hacemos lo correcto. No existe la generación espontánea de especies, razón por la cual, si minimizamos su traslación e introducción mecánica, podremos evitar que colonicen espacios indeseados (viviendas, edificios públicos, fabricas, etc.). La hermeticidad o estanqueidad de las construcciones, la observación/inspección cuarentenaria de materias primas y productos terminados, el manejo de residuos, la implementación de programas de mantenimiento y limpieza acordes a los procesos, la implementación de elementos de monitoreo y el uso estratégico de formulaciones que permitan minimizar la presión externa de especies plaga si las hubiera, harán que nuestra coexistencia no represente un inconveniente para ninguna de las partes. Finalmente, se trata de imponer límites. Nuestra tolerancia como especie en inferioridad de condiciones, debería ser alta en ámbitos externos y baja en el interior de las construcciones. ¿En que situaciones el desafío es mayor? Cuando se trata de controlar organismos vectores de enfermedades. Es estos casos, sobre todo cuando se trata de especies que desarrollan en intemperie (ej.: mosquitos), la evaluación de niveles poblacionales / vigilancia entomológica es clave para diseñar estrategias de control planificadas y no reactivas. De esta forma tendremos la posibilidad de minimizar la diseminación de enfermedades y de las especies transmisoras. De paredes hacia afuera, la identificación de especies, la problemática asociada a su presencia en relación con su nivel de densidad, y la implementación de medidas preventivas + curativas, resultan clave para reducir los efectos adversos que pudieran ocasionarnos. Para concluir, es importante remarcar que LAS PLAGAS SUELEN SER UNA CONSECUENCIA DE UN AMBIENTE FAVORABLE Y UN MANEJO DEFICIENTE DE LAS ESTRUCTURAS.
Plagas y humanidad
Nota técnica de la edición 16 sobre plagas y humanidad, con enfoque en diagnóstico, prevención y criterios aplicables al manejo profesional de plagas.
