Al parecer, una de las preguntas existenciales más relevantes del profesional en control de plagas es la definición de lo que hace o debe hacer en su trabajo. Un poco en broma, escondiendo algo de verdad, hay quien afirma que el control de plagas o, más específicamente, el MIP, es un arte; pues cada quien lo interpreta a su modo y conveniencia. En un artículo anterior (LATAMPLAGAS, No. 15, abril de 2023) me propuse explicar aspectos como la gestión, el control y el manejo de plagas, bajo el esquema general del MIP o
el mismo hicimos un muy breve recorrido histórico de los eventos que fueron conformando el concepto de MIP, desde los llamados exterminadores hasta nuestros días. Sin embargo, aún hay muchas confusiones sobre lo que es el manejo integrado de plagas. También, en otro número de la revista (LATAMPLAGAS, No. 16, julio de 2024) hablamos de
lo que en ella llamamos “El método de las tres triadas”, que no pretende sustituir al MIP, sino facilitar la comprensión de la clásica pregunta “¿Por qué la plaga es plaga?”, lo que nos lleva al foco del MIP mismo, la plaga. El presente artículo viene a formar parte de esta trilogía conceptual buscando el mejor entendimiento de esta importante labor en favor de la salud, la sociedad, el ambiente y la economía. DEFINICIÓN DE MIP Como suele hacerse, comencemos por el principio, las definiciones. A la mitad del siglo XX, tratando de contrarrestar el excesivo uso de plaguicidas por calendario, se plantea lo que se conoció como “Control Supervisado de Insectos”, en el cual se establece una cooperación entre el sector académico y los aplicadores, estableciendo planes de aplicación de plaguicidas basados en el monitoreo de las poblaciones plagas, el
uso de sus enemigos naturales y la protección de estos (Smith y Smith, 1949). Posteriormente se ha aplicado un sistema similar llamado MIP, pero distinto al que nos referimos normalmente, sino que se trata de “Manejo Integrado de Plaguicidas”, que ha sido criticado porque se enfoca en una “mentalidad fija de soluciones rápidas” (Ehler, 2006). Puede plantarse como el origen del concepto en los trabajos de Stern, Smith, van der Bosch y Hagen, en la Universidad de California, en Berkley, diez años después, en los que expresan su preocupación sobre la forma en que el control de plagas se aplica en esos días: “Cualesquiera que sean las razones del aumento de nuestros problemas de plagas, cada vez es más evidente que es necesario desarrollar un enfoque integrado, que utilice tanto el control biológico como el químico, en muchos de nuestros problemas de plagas si queremos rectificar los
errores del pasado y evitar otros similares en el futuro” (Stern, et al, 1959), estableciendo en cierto sentido las bases de la definición de MIP con una perspectiva sustentable. En dicho trabajo definen las que podrían considerarse los 3 pilares básicos del MIP: 1, el adecuado manejo de los recursos (incluyendo el control químico); 2, la presencia del organismo no implica la situación de plaga y; 3, la evaluación de todas las opciones posibles antes de actuar o, en otras palabras, la correcta planificación previa. En una reunión en Roma, una mesa de expertos en control integrado de plagas de la FAO definió el MIP como “Un sistema de gestión de plagas que, en el contexto de la dinámica ambiental y poblacional asociada de las especies plagas, utiliza todas las técnicas y métodos adecuados de la manera más compatible posible y mantiene la población de plagas a niveles inferiores a los que causan daños económicos” (FAO, 1968). En el Cuadro 1 se presentan algunas de las muchas definiciones de MIP que pueden encontrarse en diferentes fuentes, algunas más complejas que otras. MIP INCOMPRENDIDO Para una correcta aplicación de un plan de manejo integrado de plagas, es necesario comprender lo que MIP significa. Eso ha sido una de las barreras para la verdadera implementación del MIP (Jean-Philippe Deguine, et al., 2021), dada la gran cantidad de definiciones que pueden encontrarse en diferentes fuentes. Como lo expresan D.P. Abrol and U. Shankar (2012), el “MIP está experimentando una crisis de identidad. Después de su introducción, IPM se convirtió en una palabra de moda en conferencias, revistas y discusiones académicas para obtener becas de investigación. Hay más de 77 definiciones enlistadas solo en el sitio web de la Base de Datos de Recursos de MIP”. En años relativamente recientes, y como parte de la búsqueda de una mejor comprensión para la correspondiente aplicación de un plan MIP, se han propuesto diversas alternativas, ya sea como complemento, nuevos enfoques o, incluso, como sustituto del original. PAMS Hacia finales del siglo pasado, hace apenas poco más de dos décadas u media, la USDA y EPA no podían adoptar una definición de MIP, debido a confusiones por parte de los responsables de las políticas para su implementación (Bottrell y Ehler, 2000), por lo que en 1998 la USDA estableció un sistema alternativo, el PAMS, “Prevención, Anulación, Monitoreo y Supresión”, en el que deberían aplicarse al menos 3 de los 4 componentes del sistema para poder calificarse como “MIP”. La prevención se
enfoca a evitar que los organismos posibles plagas, lleguen al sitio; la anulación o evitación se trata de reducir el impacto que los organismos ya presentes; el monitoreo se encarga de la vigilancia tanto de la presencia de posibles plagas como de sus efectos y, por último; la supresión busca compensar lo que los dos primeros elementos no logren, eliminando a los organismos (Ehler, 2006). El problema que representa este sistema es que no considera la integración de tácticas, no representa un verdadero sistema, por lo que en ocasiones pueden presentarse incompatibilidades que puedan agravar el problema. EBPM Desde 1975 se estableció el MIP como marco para diferentes sistemas, con un enfoque en la prevención y la implementación del control integrado. Posteriormente, se habla de una primera generación de MIP, de 1981 a1985, basada en un umbral económico y en métodos biológicos y físicos, centrado en los organismos plaga. Una segunda generación de MIP, de 1986 a 1990 se enfocó en los sitios o efectos del daño, incorporando entre 1991 y 1995 sistemas de control natural. Hacia principio del siglo XX se supone que tiene lugar una tercera generación de MIP centrada en el ecosistema (Peshin et al., 2009, citado por Abrol y Shankar, 2012). De este punto se parte para el llamado “Ecologically Based Pest Management”, o manejo de plagas ecológicamente sustentado (o MEP), en el que se plantea un sistema de manejo sin afectar el “balance de la naturaleza”. Los fundamentos son: primero, el entendimiento de las relaciones entre el entorno y las prácticas, tanto culturales, biológicas y vulnerabilidad; segundo, la integración de todos los componentes, biológico, químico, cultural y físico; y tercero, se deben minimizar los riesgos económicos, ambientales y de salud. IRM En español, MIR, se basa exclusivamente en el manejo de la resistencia, un anexo a la parte de estrategias químicas del MIP. Se trata de una aproximación holística de manejo de poblaciones de plagas y la reducción de resistencia a plaguicida (Philips, Graves y Luttrell, 1989). Nació a partir del surgimiento de los piretroides, en los años 70s del siglo XX, los que en ese momento eran considerados “la bala de plata” en el control de plagas y
la intención de su planteamiento fue el mantener la susceptibilidad de las plagas a dicha familia de insecticidas. Organizaciones como el Grupo de Eficacia de Piretroides (PEG), formado por las principales empresas químicas productoras de piretroides, y el Comité de Acción contra la Resistencia a los Insecticidas (IRAC), que representa a prácticamente todas las empresas químicas, han defendido el IRM en todo el mundo. MIPU Es común que se suela tratar el
MIP, lo que puede considerarse válido en algunos aspectos, aunque no en lo general. Mientras se desarrollaban sistemas para el MIP en el sector agrícola, en las zonas ocupadas por humanos y sus actividades secundarias y terciarias el control de plagas era aún muy rudimentario y no se pensaba en aplicar los principios del MIP en áreas urbanas y suburbanas. En 1978, Olkowski y Olkowski (1978), derivado de un estudio que realizaban con el arbolado de zonas urbanas, plantearon la adecuación del MIP a las ciudades y zonas adyacentes. Detectaron que la forma de evaluar las actividades urbanas de control de plagas existentes era examinar los patrones de uso de plaguicidas, identificando que los usuarios de químicos urbanos y suburbanos eran esencialmente propietarios de viviendas, instituciones públicas y privadas y establecimientos comerciales, lo que representaba una especial complejidad para comunicar los conceptos del MIP dado que no estaban familiarizados con el trabajo agrícola, lo que implicó el desarrollo de nuevos modelos bajo los mismos principios. La recomendación en el MIPU es el medir adecuadamente el daño que un organismo pueda ocasioINFORME ESPECIAL nar, pues no en todas las situaciones puede tomarse el tamaño poblacional como referencia. GPP La llamada “gestión preventiva de plagas” es quizás de las más mencionadas y menos comprendida de nuestros tiempos. Para algunos, es simplemente otra forma de llamar al manejo integrado de plagas, mientras que para otros es una versión modernizada. Primero que nada, debemos separarla de lo que es la “gestión del MIP” (LATAMPLAGAS No. 15), que se refiere a la administración y la ejecución de un plan MIP. La clave de la definición es la palabra “preventiva”, que nos lleva a dos puntos del MIP: por un lado, a las acciones necesarias para que la plaga no se presente y, segundo, al punto ideal posterior a la contención del daño, pasando a la fase de la vigilancia; es decir, a los extremos del MIP. Directamente alineado con el control de calidad y la gestión de riesgos, por lo que es aplicable a cuentas auditables por diversos estándares, como la industria de alimentos. La GPP aborda la gestión del riesgo de
manera formal, considerando la susceptibilidad, la probabilidad (a veces medido desde la frecuencia en observaciones y registros anteriores) y el impacto (o gravedad), y la criticidad como factor (LATAMPLAGAS No. 16, tercer triada), de manera que puedan medirse los avances o retrocesos en el plan MIP. GIP La Gestión Integrada de Plagas se ha comprendido como un MIP con “enfoque amplio”, más holístico que el MIP, presuponiendo que el MIP se enfoca solo en las plagas o daño. Sin embargo, la diferencia radica esencialmente en la traducción de la palabra “management”, que en español suele traducirse por igual como manejo o gestión (ver LATAMPLAGAS No. 15). APM En 2018, Faith-Oi y colaboradores (2018) de la Universidad de Florida, proponen un sistema para, en su opinión, para facilitar la evaluación y toma de decisiones en un plan de control de plagas, APM o Manejo de Plagas
basada en Evaluación, a partir de una idea de una de las autoras, Dini Miller (2019). El objetivo del APM es el de ofrecer un método sencillo para ser usado por controladores de plagas contratos de bajo nivel, en los que el técnico no cuenta con el tiempo suficiente para hacer una evaluación formal, dado que no les es exigido como sucede con las llamadas cuentas auditables. Un poco al otro lado de la GPP. El método consiste básicamente en diferentes niveles que van de la A a la D. iniciando con el monitoreo de las plagas, incluyendo el seguimiento a largo plazo; lo que incluye el uso estratégico de dispositivos de monitoreo, especialmente en áreas vulnerables. Para ello, sugieren usar el llamado “triángulo de supervivencia” tradicional que incluye la famosa triada de agua + refugio + alimento. Propone, como parte química, tratamientos de exposición reducida, como cebos e IGRs (reguladores de crecimiento), así como las formulaciones adecuadas. Un aspecto clave es el uso de los mismos cebos para hacer el monitoreo,
de acuerdo con el consumo. En la publicación referida, aparentemente se cae en la contradicción de recomendar la aplicación de plaguicidas según resultados de monitoreo, pero recomienda también un calendario mensual de rotación, quizás buscando la adopción más sencilla por el controlador de plagas de bajo perfil. Como puede apreciarse, el APM, contrario a lo que se ha pretendido dar a entender a últimas fechas, no es de ningún modo una alternativa real al MIP, sino una forma de explicar una parte del MIP original, la evaluación de la población de plagas en función de los resultados del monitoreo. No obstante, se agradece el presentar una forma simplificada de evaluación para el controlador de plagas no experto. ENTENDIENDO EL MIP Se podría pensar que el comprender el concepto de Manejo Integrado de Plagas es menos importante que el aplicarlo, como algunos controladores de plagas expresan, lo que definitivamente es un sinsentido. Entre los aspectos que Deguine (2021) y Ehler
CUADRO 1. ALGUNAS DEFINICIONES DE MANEJO INTEGRADO DE PLAGAS (MIP) Stern, et al.,
(Control integrado). Control de plagas aplicado que combina e integra el control biológico y químico. El control integrado puede hacer uso del control biológico natural, así como del control biológico efectuado por agentes bióticos manipulados o introducidos.
Flint y van den Bosch, 1981
El manejo integrado de plagas es un programa integral a largo plazo basado en el conocimiento de un ecosistema que sopesa las consecuencias económicas, ambientales y sociales de las intervenciones.
Lewis et al., 1997
Es una filosofía que involucra el manejo de una plaga en lugar de controlar o erradicar una plaga. Requiere un mayor conocimiento de la plaga y del medio ambiente. Su estrategia se enfoca en aprovechar las fortalezas inherentes dentro de los ecosistemas y dirigir las poblaciones de plagas hacia límites aceptables en lugar de eliminarlas. Esta estrategia evita efectos indeseables a corto y largo plazo y garantizará un futuro sostenible.
FAO
Cuidadosa consideración de todas las técnicas disponibles para combatir las plagas y la posterior integración de medidas apropiadas que disminuyen el desarrollo de poblaciones de plagas y mantienen el empleo de plaguicidas y otras intervenciones a niveles económicamente justificados y que reducen al mínimo los riesgos para la salud humana y el ambiente.
US EPA
Enfoque efectivo y ambientalmente sensible para el manejo de plagas que se basa en una combinación de prácticas de sentido común. Los programas de MIP utilizan información actualizada y completa sobre los ciclos de vida de las plagas y su interacción con el medio ambiente. Esta información, en combinación con los métodos de control de plagas disponibles, se utiliza para controlar el daño de las plagas por los medios más económicos y con el menor peligro posible para las personas, la propiedad y el medio ambiente.
USDA (7 U.S.C. § 136r)
Proceso de toma de decisiones basado en la ciencia que combina herramientas y estrategias para identificar y manejar plagas. Es un enfoque sostenible para el manejo de plagas mediante la combinación de herramientas biológicas, culturales, físicas y químicas de una manera que minimiza los riesgos económicos, de salud y ambientales.
PAN (Pesticide Action Network)
Enfoque para el manejo de plagas en el que los plaguicidas químicos se utilizan solo como último recurso, si es que se utilizan. Aborda las plagas y enfermedades mediante el uso de una combinación de diferentes métodos de control, basados en prácticas culturales, métodos físicos, control biológico, respaldados por estrategias eficaces de vigilancia de plagas.
CDC
Un enfoque de sentido común basado en la ciencia para reducir las poblaciones de vectores de enfermedades y plagas de salud pública. El MIP utiliza una variedad de técnicas de manejo de plagas que se enfocan en la prevención de plagas, la reducción de plagas y la eliminación de condiciones que conducen a infestaciones de plagas.
University of California. IPM program.
El MIP es una estrategia basada en el ecosistema que se centra en la prevención a largo plazo de plagas o sus daños mediante una combinación de técnicas como el control biológico, la manipulación del hábitat, la modificación de las prácticas culturales y el uso de variedades resistentes. Los plaguicidas se usan solo después de que el monitoreo indica que son necesarios de acuerdo con las pautas establecidas, y los tratamientos se realizan con el objetivo de eliminar solo el organismo objetivo. Los materiales de control de plagas se seleccionan y aplican de manera que se minimicen los riesgos para la salud humana, los organismos beneficiosos y no objetivo y el medio ambiente.
Bennet, et al., 2012 (Guía Truman)
Sistema integrado de medidas preventivas y correctivas para evitar que las plagas provoquen problemas significativos… estos objetivos deben alcanzarse al menos costo posible, con el mínimo riesgo o peligro para los clientes y para los elementos apreciados de su medio.
Rabb, 1974
El manejo de plagas es ciencia aplicada sin principios únicos. El objetivo de todos los programas de manejo de plagas es erosionar la capacidad homeostática de las poblaciones de plagas, es decir, reducir la posición de equilibrio de las poblaciones (K) espacial y temporalmente, de modo que se reduzcan o eliminen la frecuencia y la duración de la fluctuación por encima de los umbrales económicos. Las tácticas (manipulaciones ecológicas) y las estrategias (manejo de plagas, procesos de toma de decisiones) distinguen el manejo de plagas (MIP) de los enfoques unilaterales. El manejo de plagas es la selección, integración e implementación de estrategias de control de plagas sobre la base de las consecuencias económicas, ecológicas y sociológicas previstas.
(2000), con sus colaboradores, describen como claves para la incomprensión del Manejo Integrado de Plagas, tenemos la escasa formación que los profesionales han tenido sobre temas como la ecología y sustentabilidad, la fuerte dependencia al uso de plaguicidas promovida por la industria fabricante de estos, el poco interés en la inversión en el desarrollo de alternativas y, como ya lo hemos comentado, la gran confusión que genera la constante publicación de definiciones ad hoc, que en el afán de encuadrar el concepto en un objetivo particular se agregan demasiados elementos para supuestamente “explicarlo mejor” (como puede apreciarse en el cuadro 1) o, por otro lado, sobre-simplificarlo para dar validez a nuevas propuestas que se llegan a presentar como alternativas que son en realidad procedimientos parte del mismo esquema. Esto lleva muchas veces al error de pensar en adoptar o tomar partido por el concepto más conveniente para nuestra comprensión o forma de trabajar, llevándonos a un sesgo de confirmación, bloqueando una mirada más amplia. El desarrollo de métodos y procedimientos que faciliten el adecuado manejo integrado de plagas siempre son bienvenidos, no importa si provienen de otros sectores. No podemos olvidar que, en su origen, surgió del ámbito agrícola y sus bases no son ajenas al urbano, aunque los organismos y problemas sean otros. Por ejemplo, el decidir por la GPP o el APM, según el mercado y perfil de la empresa controladora de plagas, puede facilitar el brindar el resultado óptimo a los clientes y, al mismo tiempo, entrar en un ciclo de mejora continua en sus servicios mediante un sistema de auditoría interna, lo que ambos métodos considero que son un valioso aporte, si no se presentan como reemplazo del MIP o con demasiado enfoque al control químico.
También, el surgimiento de nuevos enfoques ha de ayudar al progreso del MIP mediante el incremento de conocimiento y cambios de paradigmas. Es claro que uno de los aspectos menos desarrollados, pero urgentes, es el abordar el problema de plagas desde una perspectiva ecológica (que no es lo mismo que ecologista). Por otro lado, también es necesario cambiar la visión hacia una sostenibilidad fuerte, priorizando al ambiente, luego a la sociedad y cerrando con la economía, al contrario de como se hace tradicionalmente. DEFINICIÓN DE MIP Es importante que comprendamos al MIP, no como una simple lista de instrucciones, sino como un marco de trabajo estable, robusto y predictivo, esto es que pueda ser enriquecido con los avances de la ciencia y pueda incorporar nuevas técnicas o herramientas que refuercen procesos y procedimientos hacia mejores resultados con una visión preventiva. También puede visualizarse el MIP como una filosofía, como lo describen Ehi-Eromosele et al. (2013) en la que hablamos de un proceso integrado en el que cada acción sea no solo complementaria y coherente, sino sinérgica con las otras; un enfoque que considere no solo al organismo potencialmente plaga, sino a otros factores vivos, ambientales y sociales, que los pueden llevar a tal situación; el uso de plaguicidas como último recurso y no como primera línea de defensa enfocada a solo mitigar síntomas; y la comprensión de que una actividad dinámica y constante, que requiere del monitoreo y vigilancia como base para la toma de decisiones, más que una labor rutinaria atada a un calendario de aplicaciones de plaguicidas.
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