Hasta hace apenas 20 años, los simúlidos o moscas negras, se limitaban casi exclusivamente en su distribución a ciertos ecosistemas fluviales, muchos de ellos habitualmente caracterizados por una elevada calidad hídrica, hecho que provocaba que estos insectos focalizasen su interés esencialmente en el ámbito de la limnología. Sin embargo, en los últimos tiempos, debido a una compleja cascada de procesos ecológicos en estos ecosistemas fluviales, los simúlidos han sufrido procesos notables de expansión e incluso proliferación masiva en nuevas áreas de distribución. Algunas de estas nuevas zonas de multiplicación elevada de simúlidos se encuentran muy próximas a asentamientos humanos, incluso en tramos fluviales urbanos, situación que ha facilitado el incremento de molestias entre la población humana por la mordedura del insecto. La expansión de especies de comportamientos fuertemente antropofílicos (que presentan preferencias a alimentarse sobre el ser humano antes que otros posibles hospedadores
vertebrados) junto con la drástica disminución de la ganadería extensiva en algunos territorios (cuyos animales servían de fuente alimenticia principal para muchas especies de mosca negra), también han ayudado a agudizar la situación. En este contexto, el control poblacional de la mosca negra es una prioridad y un reto para la Salud Pública. Los simúlidos (Diptera, Simuliidae) son una familia de dípteros nematóceros de pequeño tamaño (de 2 a 5 mm), que suelen conocerse con el sobrenombre común de “moscas negras”, por su coloración generalmente oscura, tórax giboso y aspecto general acorazado (Fig.1). En España existen citadas algo más de 50 especies, entre las que destacan fundamentalmente Simulium erythrocephalum, y en menor medida, Simulium ornatum y Simulium equinum, como las más molestas para el ser humano.
Adaptación a cambios en el ecosistema: la clave para su expansión
Como se ha mencionado anteriormente, en España hay un claro paralelismo entre
Fig.1 Adulto
ciertas modificaciones ambientales en ambientes fluviales y canalizaciones de agua con fines de regadío, y la expansión de simúlidos. En general, los principales puntos de proliferación de mosca negra siempre han obedecido a tramos altos y medios de ríos y arroyos, caracterizados por aguas frescas, transparentes y bien oxigenadas. En estos lugares, las larvas y pupas de simúlidos encuentran en diferentes sustratos de fijación, tales como rocas o vegetación sumergida en la columna de agua, a sus principales microambientes de desarrollo (Fig.2). No obstante, afortunadamente en los últimos años se ha trabajado intensamente en la mejora de la calidad hídrica de nuestros ríos en España. Incluso en algunos casos con importantes modificaciones paisajísticas de tipo conservacionista, “renaturalizando” también dichos ríos a su paso por tramos urbanos y también declarando Parques Naturales algunos ecosistemas fluviales fuertemente degradados décadas atrás. Esta situación, ya constatada en las principales cuencas fluviales de territorios como Catalunya, Aragón, Comunitat Valenciana, Murcia, Andalucía y Madrid, ha perFig. 5 Carrizo en agua
Fig 2. Simúlidos roca
mitido además la expansión de especies invasoras, como por ejemplo macrófitos del género Potamogeton, que por su morfología, grado de adaptación a diferentes tipos de aguas y velocidad de desarrollo, suponen en la actualidad quizá uno de los “nuevos” elementos de fijación de simúlidos más productivos de los ecosistemas fluviales (Fig.3). La evolución hacia aguas más “limpias” de nuestros ríos ha derivado en un descenso de la turbidez e incremento de la transparencia en algunos casos, situación que ha favorecido la penetración de la luz necesaria para la ejecución de la acción fotosintética de estas algas sumergidas que, ayudadas por la mayor temperatura de los tramos medios y bajos de ríos en comparación con los altos y la mayor presencia de nutrientes, han proliferado masivamente en muchos lugares hasta considerarse también “plaga” por sí mismas en algunas zonas (Fig. 4). Tanto es así, que la retirada mecánica de estos macrófitos a través de medios materiales especializados y acordes a la magnitud de la problemática, como embarcaciones anfibias, es considerada también como un efectivo método de control físico de simúlidos en ciertos
tramos fluviales. Además de algas y rocas, otro importante sustrato de fijación que está observándose en ríos afectados por mosca negra son las cañas o cañizo del género Arundo que predominan en los márgenes fluviales y que, parcial o totalmente, pueden dejar estructuras introducidas en la lámina de agua donde se anclan larvas y pupas del insecto para vivir (Fig. 5 y 6). Otro factor relevante para la expansión de la mosca negra viene relacionado con la agricultura y la generación de estructuras hídricas adecuadas para el desarrollo del insecto, como son los canales y acequias de riego. Al fin y al cabo, con estas acciones el hombre está creando “ríos artificiales” (aguas lóticas, en constante movimiento) en nuevos territorios hasta entonces inhóspitos para este díptero. Esto está observándose incluso asociado a diferentes cultivos de regadío, como arrozales o maizales, en diferentes puntos de España que presentan un clima tremendamente árido o semidesértico, que nunca habían sufrido episodios severos de mordeduras de mosca negra y que en los últimos años, de la mano de la actividad antrópica, se ha traído el problema hasta estas zonas.
Fig 6. Detalle carrizo larvas
El control poblacional, un reto para el sector
La prevención en materia de lucha frente a la mosca negra se basa en una correcta identificación de los factores de riesgo que hacen que el insecto prolifere en puntos concretos de ríos, arroyos y canales. La intervención directa, por métodos físicos, mecánicos o químicos, sobre estos factores de riesgo es la clave. Previamente se ha comentado la retirada mecánica de sustratos de fijación como un relevante elemento de control. Entre las herramientas químicas enmarcadas en los productos biocidas que pueden emplearse, destacan los insecticidas a base de Bacillus thuringiensis israelensis (Bti) como los más adecuados por razones de eficacia y especificidad. Al ser formulados que únicamente presentan la bacteria Bti como sustancia activa insecticida, están considerados como herramientas interesantes de control biológico. Con una acción directa y exclusiva sobre las larvas de simúlidos que filtran estas bacterias, no afectando por tanto al resto de entomofauna fluvial, a través de aplicaciones selectivas y minuciosamente confeccionadas (dosis, tiemFig. 7 Aplicación terrestre Bti
Fig 3. Pupas potamogeton
pos, métodos de aplicación, grado de cobertura del cauce, etc.) se obtienen resultados de eficacia habitualmente superiores al 95% de letalidad de la población con una sola aplicación. Dado que el río debe entenderse como lo que es, un ecosistema continuo que en su recorrido puede albergar numerosos obstáculos para la penetración de los productos aplicados, factores como el caudal, la presencia de meandros más o menos acusados, barreras físicas como azudes, etc., nos van a marcar realmente el lugar y número de aplicaciones a ejecutar para conseguir un control poblacional efectivo a gran escala en el río. Según cada tipo de problemática y la confección estructural de cada río, las aplicaciones pueden hacerse por pulverización a través de medios terrestres (Fig. 7) o aéreos (Fig. 8).
Impacto sanitario
A diferencia de los mosquitos y otros insectos hematófagos que son solenófagos, es decir, introducen sus largos estiletes bucales a través de la epidermis para acceder directamente a los vasos sanguíneos superficiales y succionar la sangre, en el caso de los simúlidos el modo de alimentación es telmófago. Presentan mandíbulas serradas que rasgan la piel y crean una pequeña herida, de forma que la sangre de los vasos sanguíneos se extravasa en la superficie de la piel y es directamente succionada por las hembras de las moscas negras. Por tanto, no se alimentan a través de la succión directa de los capilares sanguíneos, sino a partir de la sangre que emana en la herida provocada. Es por eso que, técnicamente, decimos que los mosquitos “pican” y las moscas negras “muerden”.
Obviamente, a nivel de lesiones dérmicas, el simple hecho de generar mordeduras ya provoca un impacto sanitario notable. En ciertas ocasiones, en función del número de mordeduras y del grado de sensibilidad de las personas que se hayan visto afectados) se pueden presentar complicaciones médicas secundarias derivadas de la reacción alérgica conocida como “simuliotoxicosis”. Ésta suele caracterizarse por inflamación, picazón, hemorragia y edema, e incluso en casos graves puede requerirse atención médica importante para evitar mayores complicaciones (Fig. 9). Por otra parte, los simúlidos también son capaces de actuar como significativos vectores de diferentes patógenos (virus, protozoos y nematodos) que pueden provocar destacables enfermedades a humanos y animales (Fig. 9).
Por otra parte, los simúlidos también son capaces de actuar como significativos vectores de diferentes patógenos (virus, protozoos y nematodos) que pueden provocar destacables enfermedades a humanos y animales.
REFERENCIAS: •López & Jiménez (2017). Updated checklist and distribution maps of blackflies (Diptera: Simuliidae) of Spain. The Simuliid Bulletin 48, July:145. •Ruiz-Arrondo et al., (2014). Expansión de los simúlidos (Diptera: Simuliidae) en España: Un nuevo reto para la salud pública y la sanidad animal. Bol SEA 54:193-200. •Soriano et al., (2019). La influencia de la vegetación acuática en el desarrollo de las poblaciones de “Simulium erythrocephalum” (De Geer, 1776) (Diptera, Simuliidae) en Madrid: su relación con las emergencias masivas de mosca negra. REMASP 2 (8):1-8.
Especies/microorganismos Hospedadores/ enfermedad Équidos, suidos y bóvidos Équidos Lepóridos Aves Diferentes aves domésticas y silvestres, Tripanosomiasis aviar Diferentes aves domésticas y silvestres, malaria/paludismo aviar Aves (Anátidos) Aves (Fasiánidos) Humanos (Oncocercosis, ceguera de los ríos) Humanos (Mansonelosis, Filariosis de Ozzard) Bóvidos Bóvidos Bóvidos Cérvidos Úrsidos
Fig 9. Simulioxicosis
