Ya estamos acostumbrados a que los medios de comunicación informen de la presencia de cucarachas, moscas, roedores y otras plagas en diferentes restaurantes del Perú, independientemente del segmento económico al que atienden. De igual modo, nos parece normal ver a las autoridades sanitarias dando una respuesta reactiva a este problema, cerrando locales sin atacar los temas de fondo.

La solución no es cerrar locales cada vez que se encuentran cucarachas durante una inspección o cuando un comensal difunde imágenes de un roedor en el salón de un restaurante, tampoco lo es llevar a la prensa para que difunda las imágenes de las intervenciones. La responsabilidad de una adecuada gestión integral para la erradicación de estas y otras plagas en los restaurantes es de los propietarios, administradores, autoridades sanitarias, municipalidades y de nosotros los clientes.

Podríamos hablar entonces de una responsabilidad compartida donde cada actor tiene funciones específicas, todas ellas normadas en nuestra legislación vigente.

Para empezar tenemos a los propietarios y/o administradores de los locales, pueden ser restaurantes, cafeterías, servicios de catering, entre otros. Ellos tienen la responsabilidad de implementar medidas sanitarias adecuadas como son el orden, la limpieza y la desinfección, las mismas que están contempladas en la norma sanitaria y son de obligatoria ejecución. También deben establecer los programas de fumigación, desratización y control integral de plagas, no sólo para cumplir con la ley sino, lo más importante, para evitar malos momentos a sus clientes. Para lograr esta efectiva gestión de plagas es necesario contar con profesionales especialistas en el tema, y si no los hubiera, contratar a empresas especializadas.

En segundo lugar están las autoridades sanitarias y las municipalidades. Ellas son las responsables de la supervisión para que estas medidas preventivas se implementen y se cumplan adecuadamente. La acción reactiva sólo perjudica económicamente a los negocios y no permite ver las causas de fondo del problema como son la falta de higiene de las instalaciones de los locales y la mala aplicación de las buenas prácticas de manufactura.

Finalmente, nosotros como consumidores tenemos el derecho de exigir que todo esto se cumpla para no poner en riesgo nuestra salud. Los clientes somos parte de la solución a este problema y debemos prestar más atención para observar si las buenas prácticas de manufactura son la prioridad en los locales donde consumimos nuestros alimentos. Si nos damos cuenta de que el local donde estamos no cumple con estas buenas prácticas, debemos tomarnos el tiempo para presentar un reclamo. Sin embargo, puede ser que esto no sea suficiente para lograr un cambio positivo. Si fuera posible, también debemos denunciar las malas prácticas ante la autoridad correspondiente.

Si todos cumplimos con nuestras responsabilidades cabalmente, poco a poco lograremos el cambio esperado en la cultura sanitaria de nuestro país.