En Argentina el consumo de carne, alrededor de 60 kg por año, es muy importante, así como los establecimientos donde se puede consumir, tanto en las ciudades como en zonas rurales. En dichos lugares es común encontrar diferentes tipos de moscas. Durante los meses de verano se realizó un relevamiento en localidades de la provincia de Buenos Aires de las diferentes especies de moscas que aparecen en dichos establecimientos.

Las moscas pertenecen al orden de los dípteros, uno de los mayores órdenes de insectos y que cuenta con unas 85.000 especies. El mismo está compuesto por moscas, mosquitos, tábanos, moscas bravas, jejenes, moscardones y otros. El aparato bucal de los dípteros es chupador en esponja como en la mosca común, picador suctor con seis cerdas como en los mosquitos o con cuatro cerdas como en las moscas hematófagas. Las formas larvales se llaman comúnmente “gusanos”. Muchos adultos y estadios larvales se alimentan de materia orgánica en descomposición de diversos tipos.

El nombre del orden está dado por las características que poseen en las alas, siendo el primer par membranoso surcado por nervaduras y el segundo par transformado en halterios o balancines, vestigial o prominente, terminado en maza o en clava y que parecen tener funciones de equilibrio en el vuelo. Excepcionalmente, algunas especies son ápteras o braquípteras como algunos pupíparos, que son parásitos de algunos animales domésticos. Por lo que se consideran insectos con un solo par de alas y poseen un tamaño que va desde 1 mm a 3 cm.

Dentro de las especies de moscas recolectadas, la mayoría correspondieron a la mosca doméstica, Musca domestica, en un 90%; un 5% a Calliphoridos, conocidas como moscas metalizadas, siendo las especies encontradas Cochliomyia hominivorax y Lucilia sericata, con predominancia de esta última; un 3% a Sarcophagidos o moscas de la carne, con Sarcophaga carnaria. El resto, ocasionalmente, fueron Phoridos como Megaselia scalaris, Psychodidos nematóceros como Psychoda sp., tábanos Tabanus punctifer y Drosophilidae, Drosophila melanogaster, conocida como mosquita del vinagre.

Biología y ciclo vital de la mosca doméstica

La mosca doméstica se encuentra asociada al hombre desde los trópicos hasta las regiones polares. Es una plaga universal en explotaciones pecuarias, almacenaje y procesamiento de alimentos, casas de comidas y otros entornos. Es una de las plagas más difíciles de controlar. Esto se debe a su capacidad de nutrirse de cualquier tipo de materia orgánica, de desarrollarse eficaz y rápidamente en muchos sustratos y de hacerse resistente a los insecticidas con rapidez.

Las moscas domésticas adultas, de 7 a 9 mm, se nutren de líquidos ricos en azúcares y proteínas que ingieren con su boca chupadora. Si el sustrato está seco, vomitan sobre él para disolver los nutrientes. Este comportamiento y la anatomía de sus patas hacen de las moscas vectores mecánicos importantes de muchos organismos patógenos. Las moscas domésticas son excelentes voladoras: se han registrado recorridos de más de 30 km de distancia. Pueden ser fácilmente identificadas por sus cuatro franjas oscuras y longitudinales encima del tórax o en la región central del cuerpo.

El ciclo vital puede completarse en menos de dos semanas. Se compone del huevo, tres estadios larvales, la pupa y el adulto. Se crían en todo tipo de sustancias: estiércol, basura y cualquier material orgánico o vegetal en descomposición. Una hembra pone hasta un total de 900 huevos en paquetes de 75 a 150 cada vez. Las larvas emergen rápidamente y luego de tres mudas empupan en seis días. Unos cinco días más tarde emergen los adultos. Esto permite entre ocho y doce generaciones al año en regiones de clima templado. La vida de los adultos dura pocas semanas, pero puede alargarse en temporadas frías. Tanto las pupas como los adultos invernan en el suelo, estiércol, basureros y otros sitios.

Daño e importancia económica

El control biológico de las moscas domésticas usando sus enemigos naturales puede ser bastante eficaz, siempre que se mantengan las condiciones adecuadas para el desarrollo de estos enemigos naturales, lo que incluye reducir al mínimo el uso de larvicidas o insecticidas, ya que la mayoría son también tóxicos para los insectos beneficiosos.

Entre los más eficaces enemigos naturales de las moscas se destacan los himenópteros parasitoides de pupas, como Spalangia spp., Muscidifurax spp. y Pachycrepoideus spp. También se han registrado numerosos depredadores de moscas, tanto de huevos como de larvas. Los huevos frecuentemente son depredados por ácaros y pequeños coleópteros de las familias Staphylinidae e Histeridae, los cuales también pueden llegar a alimentarse de larvas pequeñas. Los ácaros, como Machrocheles spp., se nutren de huevos y larvas de moscas. Las hembras adultas se adhieren a las moscas adultas y se hacen transportar así a otros lugares.

Varios hongos entomopatógenos han sido utilizados para el control biológico de las moscas, entre otros Metarhizium anisopliae, Beauveria bassiana y Entomophthora muscae. También existen dípteros depredadores, como Ophyra aenescens, denominada vulgarmente mosca negra de las basuras, cuyas larvas ejercen un control efectivo de los estados inmaduros de la mosca.

El tratamiento con productos químicos de las superficies donde se posan las moscas, paredes, muros, postes, columnas, montantes y vallas, con mosquicidas da buenos resultados, siempre que las moscas sean susceptibles, es decir, no resistentes. La mayoría de estos productos contienen insecticidas convencionales, organofosforados, piretroides, neonicotinoides y otros, que matan a las moscas adultas por contacto.

Algunos productos contienen adulticidas de efecto por vía oral que se mezclan con azúcar y se aplican con brocha como una pintura. El azúcar estimula a las moscas a comer, lo que provoca la ingestión de una dosis letal del adulticida.

La nebulización ambiental con mosquicidas es adecuada para reducir inmediatamente altas poblaciones de moscas. Pero mata solamente a las moscas expuestas en el momento de la aplicación, y no tiene ningún efecto residual. Se necesita de ordinario un equipo especial. Para que la nebulización sea eficaz hay que evitar las corrientes de aire. Si no, la ventilación o el viento pueden reducir su eficacia.

Los cebos de varios tipos contra las moscas domésticas, polvos, granulados y otros, pueden ser bastante eficaces. La mayoría emplean adulticidas, como organofosforados, carbamatos, neonicotinoides y spinosad, combinados a menudo con sustancias atrayentes, por ejemplo tricoseno, y son muy útiles para reducir las poblaciones de moscas.

El tratamiento de los sustratos para eliminar o reducir el desarrollo de las larvas se combina a menudo con los métodos de control de moscas adultas. Para ello se emplean productos que se aplican directamente sobre el sustrato en forma de sprays, granulados y polvos. Junto a larvicidas clásicos, sobre todo organofosforados, se emplean también con éxito varios inhibidores del desarrollo, como benzolureas y ciromazina.

Combinar el uso de adulticidas con el de larvicidas tiene sentido a menudo porque supone atacar a las moscas con dos principios activos dotados de modos de acción totalmente diferentes, lo que disminuye el riesgo de que surjan poblaciones resistentes. Aun así, abundan cada vez más las poblaciones multirresistentes, es decir, resistentes simultáneamente a más de una clase química. Por ello es especialmente importante y urgente aplicar el manejo integrado de plagas al control de las moscas.