De la erradicación a la resistencia: la evolución del control químico de Aedes aegypti en Argentina
Revisión histórica y técnica sobre la expansión de Aedes aegypti, la resistencia a insecticidas y los desafíos del control vectorial en Argentina.
Índice
- Introducción
- Expansión histórica y diversidad genética de Aedes aegypti en Argentina
- Historia y panorama actual del control químico de Aedes aegypti en Argentina
- Resistencia a insecticidas
- Desafíos y perspectivas
- 1. Innovación en herramientas de control de Aedes aegypti
- 2. Participación comunitaria y adopción de medidas de prevención
- 3. Coordinación intersectorial para la gestión integrada
- Conclusiones
Introducción
Aedes aegypti (L.) es el principal mosquito responsable de transmitir los virus del dengue en las Américas y desempeña un papel significativo en la propagación de la fiebre amarilla urbana. Se encuentra en todo el mundo, habitando regiones que se extienden desde los trópicos y subtrópicos hasta ciertas áreas templadas. En América del Sur, su historia se caracteriza por ciclos de colonización, erradicación y reestablecimiento, impulsados tanto por factores mediados por el ser humano como ambientales.
Expansión histórica y diversidad genética de Aedes aegypti en Argentina
En Argentina, Ae. aegypti estuvo presente durante siglos antes de que se lanzara una campaña continental de erradicación a mediados del siglo XX. Liderado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el programa se desarrolló entre fines de la década de 1940 y la década de 1960, con el objetivo específico de eliminar la especie de las Américas. El esfuerzo coordinado incluyó vigilancia intensiva del vector, reducción de criaderos y control químico. Para 1963, el Ministerio de Salud Pública de la Nación declaró la especie erradicada en el país, y en 1965 el Consejo Directivo de la OPS ratificó este logro. Esta erradicación fue considerada un gran éxito en salud pública, al interrumpir los ciclos de transmisión de la fiebre amarilla y otros arbovirus. Sin embargo, la erradicación no resultó permanente. La disminución de la voluntad política, el debilitamiento de los programas de vigilancia y el restablecimiento de poblaciones en países vecinos facilitaron la reinvasión. Tras la reintroducción de Ae. aegypti en Brasil en 1975, la especie se expandió por el Cono Sur. La reinfestación en Argentina se detectó por primera vez en 1986 en las provincias del noreste (NE) de Misiones (Posadas y Puerto Iguazú) y Formosa (Clorinda y Puerto Pilcomayo). Esto marcó la primera reaparición confirmada desde la erradicación. La expansión fue rápida: para 1991 Ae. aegypti había alcanzado la provincia de Buenos Aires, extendiendo su rango hacia la región templada del país. Para 1995, ya se había registrado en provincias centrales como Córdoba. En las últimas décadas, Ae. aegypti ha expandido su rango más allá de los límites climáticos previamente reconocidos. Mientras que modelos anteriores sugerían que la especie no podía sobrevivir al invierno en áreas con temperaturas medias anuales inferiores a 15 °C, su presencia ha sido documentada en ciudades más frías como Dolores y Villa Gesell, donde las temperaturas medias anuales están por debajo de ese umbral. La detección de larvas en floreros de cementerios y neumáticos descartados en Dolores en 2012 sugiere que puede sobrevivir al invierno y que podrían haberse establecido poblaciones permanentes, desafiando supuestos previos sobre restricciones climáticas. A comienzos de los años 2000, el límite sur de la distribución de Ae. aegypti en Argentina se extendía aproximadamente desde el noroeste (NO) al sudeste, alcanzando latitudes cercanas a 35° S. En la década siguiente, el rango avanzó aún más, con registros aislados cerca de 37° S y detecciones excepcionales en 38° S en dos grandes centros urbanos: la ciudad de Neuquén en el oeste y Bahía Blanca en el este. Más recientemente, se han reportado ocurrencias aún más australes, incluyendo San Antonio Oeste en la provincia de Río Negro (40°43 S), actualmente el registro más austral confirmado de la especie en América del Sur, y Tandil en la provincia de Buenos Aires, destacada por ser la localidad positiva más fría del país. El reestablecimiento de Ae. aegypti ha estado acompañado por estudios de genética poblacional que arrojan luz sobre sus rutas de recolonización. Análisis basados en marcadores de ADN mitocondrial (RFLP de la región rica en A+T) revelaron una marcada estructura filogeográfica en Argentina. Los resultados mostraron que la migración pasiva desde Brasil y Paraguay hacia Argentina sería fuertemente facilitada por el tráfico comercial humano. Albreu y Gardenal examinaron la distribución de linajes mitocondriales de Ae. aegypti en Argentina utilizando el fragmento del gen ND4. Las poblaciones del NO de Argentina y Bolivia comparten haplotipos únicos ausentes en otras regiones, mientras que las poblaciones del NE de Argentina se agrupan con las de Paraguay. Se identificaron tres grandes haplogrupos (clados 2−1, 2–2 y 2–3), lo que sugiere múltiples eventos de colonización desde países vecinos como Bolivia, Paraguay y Brasil. El clado NOA-Bolivia (2−1) parece haber experimentado una expansión temprana seguida de fragmentación, posiblemente dejando poblaciones relictas que sobrevivieron a la campaña de erradicación en focos aislados. El clado NEA-Paraguay (2–3) refleja una historia de colonización separada, mientras que el clado 2–2, dominado por un solo haplotipo, caracteriza gran parte del este de Argentina e indica una expansión reciente y rápida desde una fuente genéticamente homogénea. Esta evidencia genética señala impactos diferenciales del programa de erradicación de mediados del siglo XX entre regiones. En el este, la campaña probablemente logró una eliminación casi completa de la variabilidad genética, con recolonización impulsada por una sola variante genética. En contraste, el NO y NE retuvieron o recuperaron alta diversidad de haplotipos, consistente con reinvasión desde múltiples fuentes externas y posiblemente desde poblaciones locales persistentes. Estos paisajes genéticos contrastantes sugieren historias evolutivas diversas y distintos grados de conectividad histórica entre regiones. Hoy en día, Ae. aegypti está establecido en casi todas las provincias del norte y centro de Argentina y continúa expandiendo su rango hacia el sur y el oeste. La persistencia y adaptabilidad de este vector, incluyendo su capacidad para sobrevivir en climas más fríos de lo previamente asumido, subraya la necesidad de vigilancia sostenida, estrategias de control adaptativas y mayor investigación sobre los mecanismos ecológicos y genéticos que facilitan su expansión. La historia de la especie en Argentina —erradicada mediante acción regional coordinada y luego reintroducida por múltiples vías— sirve como un ejemplo de advertencia sobre la fragilidad de los logros en el control vectorial cuando presiones políticas, logísticas y ambientales se alinean a favor de la reinfestación.
Historia y panorama actual del control químico de Aedes aegypti en Argentina
Desde la reinfestación de Ae. aegypti en Argentina durante la década de 1980, las estrategias de control vectorial han evolucionado en respuesta a contextos epidemiológicos, sociales y operativos cambiantes. La descentralización de los servicios de salud transfirió la responsabilidad de la vigilancia y control del mosquito a los municipios locales, lo que generó desafíos relacionados con los recursos, la capacitación del personal y la coordinación de métodos y adquisición de insumos. A partir de 1998, las campañas de control de emergencia se centraron principalmente en intervenciones químicas, incluyendo fumigación térmica en ultra bajo volumen (ULV), equipos portátiles de nebulización y tratamientos focales casa por casa. Se aplicaron larvicidas, incluyendo gránulos de temephos y posteriormente Bacillus thuringiensis israelensis (Bti), en recipientes con agua; mientras que adulticidas como el organofosforado fenitrotión (Sumithion®) y piretroides como deltametrina y cis-permetrina se utilizaron en aplicaciones espaciales en base oleosa usando gasoil como solvente. Estos métodos eran claramente subóptimos para su uso en entornos urbanos, donde los residentes están altamente expuestos a los insecticidas aplicados. Dichos insecticidas estaban destinados a suprimir las poblaciones de mosquitos durante brotes y no a ser utilizados rutinariamente para prevención. Aunque el control químico logró reducciones a corto plazo en las densidades de mosquitos y ayudó a manejar ciertos brotes en el norte de Argentina, se evidenciaron varias limitaciones. La extrapolación de estrategias de otros países sin adaptarlas a las condiciones socioeconómicas locales redujo su efectividad. Los programas sociales que apoyaban el control vectorial movilizando trabajadores desempleados durante la recesión de 2001 cesaron tras la recuperación económica, generando vacíos en la implementación. Además, riesgos de seguridad, rechazo de los residentes y viviendas cerradas dificultaron el acceso para tratamientos, destacando la necesidad de enfoques alternativos. El Centro de Investigaciones de Plagas e Insecticidas (CIPEIN) en Buenos Aires, un Centro Colaborador de la OMS, ha contribuido a optimizar los métodos de control mediante investigación sobre nuevos insecticidas y formulaciones, incluyendo isómeros de permetrina, reguladores del crecimiento de insectos (IGR) como piriproxifen y triflumurón, y nuevos mecanismos de aplicación como tabletas fumígenas insecticidas para uso en interiores. Estudios de campo que combinaron adulticidas y larvicidas demostraron una mayor eficacia de control y una supresión prolongada de las poblaciones de mosquitos en comparación con tratamientos individuales [26–28]. Posteriormente, otros grupos en Argentina repitieron ensayos similares utilizando formulaciones combinadas para ULV. Los enfoques integrados que combinan control químico con participación comunitaria y gestión ambiental han sido reconocidos como esenciales para un control vectorial sostenible. Sin embargo, los programas integrales basados en la comunidad siguen poco desarrollados en Argentina. Intervenciones periódicas utilizando IGRs, como triflumurón, combinadas con el vaciado rutinario de recipientes, han mostrado resultados prometedores para mantener bajos niveles de infestación durante las temporadas reproductivas del mosquito, aunque el vaciado por sí solo es insuficiente.
Resistencia a insecticidas
La resistencia a insecticidas se ha convertido en un obstáculo importante para controlar este mosquito, tanto a nivel mundial como en Argentina. CIPEIN reportó la primera detección de resistencia a piretroides en adultos de Ae. aegypti provenientes de la provincia de Salta, asociada a fallas en el control. Los niveles de resistencia a cis-permetrina fueron clasificados como altos, con resistencia cruzada a deltametrina, mientras que se mantuvo la susceptibilidad al organofosforado malatión. Recientemente, se han detectado las mutaciones kdr V1016L y F1534C. Más importante aún, CIPEIN fue el primero en identificar la mutación V410L en múltiples regiones de Argentina y correlacionarla con evidencia toxicológica de resistencia a insecticidas [34]. Otro estudio reportó posteriormente la presencia de esta mutación a escala local en la provincia de Buenos Aires, pero sin establecer asociación con resistencia. Cuando emerge resistencia a piretroides en poblaciones de Ae. aegypti, se considera una buena práctica implementar el manejo de resistencia a insecticidas (IRM) rotando hacia clases alternativas. En Tapachula, México, la discontinuación de piretroides (1999–2013) en favor de organofosforados durante 2013–2019 condujo a una reversión significativa de la resistencia tras seis años. De manera similar, en Brasil, la selección en laboratorio con malatión en poblaciones originalmente resistentes a deltametrina resultó en la restauración de la susceptibilidad a piretroides y temephos. Estos principios de IRM son recomendados ampliamente por la OMS. En Singapur, donde Ae. aegypti presenta altos niveles de resistencia a piretroides, se ha mantenido la susceptibilidad a organofosforados como pirimifos-metil. En este contexto, nuestro laboratorio detectó resistencia generalizada a permetrina pero encontró que todas las poblaciones probadas seguían siendo susceptibles a pirimifos-metil. Permetrina y pirimifos-metil son dos clases ampliamente utilizadas, pero difieren en eficacia y toxicidad. La permetrina actúa sobre los canales de sodio neuronales, produciendo rápido efecto de volteo y alta mortalidad, pero su eficacia se ha visto comprometida por resistencia. El pirimifos-metil, inhibidor de acetilcolinesterasa, ha demostrado eficacia sostenida, especialmente en formulaciones microencapsuladas como Actellic® 300CS. Ambos presentan riesgos para organismos no objetivo, aunque en distinto grado. La permetrina es altamente tóxica para insectos acuáticos y polinizadores, mientras que el pirimifos-metil también puede afectarlos, pero en menor medida. Ambos están clasificados por la OMS como Clase II – Moderadamente peligrosos.
Desafíos y perspectivas
La crisis económica en Argentina ha reducido significativamente las actividades de control vectorial. Los programas actuales son limitados y dependen en gran medida de recursos escasos a nivel local. Aunque la vacuna contra el dengue representa un avance importante, ha generado una sobreestimación de su capacidad para reemplazar el control vectorial. En consecuencia, la estrategia actual no logra responder adecuadamente a las epidemias. Según la OMS (2017–2030), Argentina necesita:
1. Innovación en herramientas de control de Aedes aegypti
- Avanzar en la investigación del comportamiento para identificar nuevos objetivos.
- Ampliar las opciones de repelentes más allá del DEET. Desarrollar atrayentes para mejorar la eficacia de adulticidas y larvicidas.
- Introducir ingredientes activos no pertenecientes a los piretroides para el control espacial. Monitorear y gestionar la resistencia a insecticidas.
- Mantener el uso eficaz de larvicidas con formulaciones probadas.
2. Participación comunitaria y adopción de medidas de prevención
- Fortalecer la educación y la concientización sobre la biología del vector y el riesgo.
- Utilizar redes sociales y canales locales para mensajes de prevención.
- Eliminar criaderos domiciliarios, especialmente recipientes con agua.
- Proporcionar herramientas seguras y accesibles (por ejemplo, ovitrampas, tabletas o papeles impregnados).
- Asegurar que las herramientas comunitarias cumplan con estándares de seguridad.
3. Coordinación intersectorial para la gestión integrada
- Fortalecer la colaboración entre el Ministerio de Salud y las instituciones de investigación.
- Aplicar los hallazgos académicos a la práctica operativa mediante estudios co-diseñados.
- Promover investigación aplicada sobre prioridades en el manejo del mosquito.
- Establecer plataformas regulares de intercambio entre funcionarios de salud, científicos y actores de implementación.
Conclusiones
En general, aunque los métodos químicos siguen siendo centrales en la respuesta a brotes, desafíos como la resistencia a insecticidas, limitaciones logísticas y factores sociales destacan la necesidad de implementar estrategias de control vectorial multifacéticas y adaptadas localmente para manejar eficazmente las poblaciones de Ae. aegypti y reducir el riesgo de transmisión del dengue en Argentina. Nota resumen del paper “From Eradication to Resistance: The Evolution of Chemical Control ofAedes aegypti in Argentina” Current Tropical Medicine Reports (2025), 12:24. https://doi.org/10.1007/s40475-025-00357-z Todas las imágenes pertenecientes a esta nota han sido generadas con Inteligencia Artificial.