Salud pública y vectores · 10 de abril de 2026

Algunos apuntes sobre SARS-CoV-2 y COVID-19 a más de un año y medio de su detección

Mauricio Rubín de Celis revisa el origen probable, la evolución y los desafíos sanitarios de SARS-CoV-2 luego de más de 19 meses de pandemia.

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Apertura del artículo sobre SARS-CoV-2 y COVID-19

Desde la alerta de la presencia del virus SARS-CoV-2, causante de COVID-19, en diciembre del 2019 en Wuhan (China) hasta la fecha, han pasado más de 19 meses y todavía seguimos en un camino de horizonte complejo e incierto, habiéndose puesto a prueba los sistemas sanitarios, desnudando las brechas socioeconómicas y generando un impacto negativo en la salud pública y la economía global. Aún hoy, el origen del SARS-CoV-2 sigue siendo enigmático, habiéndose propuesto varias hipótesis para explicar la primera transmisión de animal a humano. A partir de la resolución WHA73.1 de mayo del 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en colaboración con la Organización Mundial para Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), bajo el enfoque de “una sola salud” han desarrollado esfuerzos para identificar la fuente zoonótica del virus y la ruta de Introducción a la población humana, incluyendo el posible papel de los huéspedes intermediarios.

El informe del “Estudio mundial convocado por la OMS sobre los orígenes del SARS-CoV-2” señala que no hay una conclusión firme sobre el papel del mercado de Wuhan en el origen del brote, así como sobre la introducción de la infección en el mercado. El grupo de trabajo de epidemiología molecular y bioinformática ha señalado que los coronavirus más vinculados con el SARS-CoV-2 se encuentran en murciélagos y pangolines, sugiriendo que estos mamíferos pueden ser el reservorio del virus. Sin embargo, ninguno de los virus identificados hasta ahora en estas especies es suficientemente similares al SARS-CoV-2 para ser su progenitor directo. Los mamíferos en cuestión incluyen cuatro especies de murciélagos: Rhinolophus acuminatus, Rhinolophus affinis, Rhinolophus malayanus y el pangolín, Manis javanica. De manera general se evaluó la probabilidad de diferentes vías posibles para la introducción del virus. Incluyendo la transmisión zoonótica directa a los seres humanos, la introducción a través de un huésped intermediario, la introducción vinculada a la cadena alimentaria y la introducción a partir de un incidente de laboratorio, señalándose que, se considera que la propagación zoonótica directa es una vía posible y probable, la introducción a través de un huésped intermediario es una vía muy probable, la introducción a través de productos de la cadena alimentaria se considera una vía posible y la introducción a través de un incidente de laboratorio es una vía extremadamente improbable. En cuanto a los cambios del virus a partir de la vigilancia genómica, es importante señalar que la replicación viral no debe considerarse un mecanismo para aumentar la cantidad de virus solamente, sino también, al incluir la síntesis de nuevas copias del genoma viral más o menos imperfecta, permite su adaptación. Las nuevas copias presentan pequeños cambios llamados mutaciones. Un virus que ha sufrido una o varias mutaciones es una variante del virus original y mientras más virus circulen, más susceptibles son de modificarse. La mayoría de los cambios pueden no tener mayor impacto en las propiedades del virus. Sin embargo, algunos cambios pueden favorecer la propagación, aumentar la gravedad de la enfermedad y disminuir la efectividad de vacunas, medicamentos terapéuticos, herramientas de diagnóstico, entre otros. Es así que este tipo de variantes son consideradas “Variantes de preocupación”. En este momento se reconocen 4 variantes con esas características, ALFA (Reino Unido – Diciembre 2020), BETA (Sudáfrica – Diciembre 2020), GAMA (Brasil – Enero 2021) y DELTA (India – Mayo 2021). Sobre la prevención se sigue poniendo énfasis en la necesidad de vacunar a toda la población. Ello nuevamente ha revelado la desigualdad de los países en cuanto a la distribución de las vacunas, al punto que la OMS ha señalado que “la inequidad vacunal es el mayor obstáculo para poner fin a la pandemia y recuperarse de la COVID-19”. Se requiere voluntad política para eliminar las barreras que impiden aumentar la fabricación de vacunas y asegurar el apoyo financiero para que las vacunas se distribuyan de manera equitativa, produciéndose sólo entonces, una verdadera recuperación económica mundial. En cuanto al tipo de vacunas disponibles se han desarrollado vacunas con virus inactivados o atenuados que no provocan la enfermedad, pero si generan una respuesta inmunitaria. Vacunas basadas en proteínas que utilizan fragmentos inocuos de proteínas o estructuras proteínicas que imitan el virus causante de la COVID-19, generando una respuesta inmunitaria. Vacunas con vectores víricos que emplean un virus genéticamente modificado que no causa la enfermedad, pero da lugar a proteínas coronavíricas que inducen una respuesta inmunitaria y por último vacunas con ARN y ADN genéticamente modificados para generar una proteína que por sí sola desencadena una respuesta inmunitaria. En todos los casos se discute el tiempo de inmunidad y la necesidad de ampliar el esquema con inoculaciones de refuerzo. Adicionalmente al uso de vacunas, se mantienen las recomendaciones acerca del uso de mascarillas, el distanciamiento físico, el lavado constante de manos con jabón, así como evitar lugares con grandes aglomeraciones y mal ventilados. En cuanto a la transmisión a través de fómites, si bien se discute su real importancia, entidades como los centros para el control y prevención de enfermedades de EEUU (CDC), mantienen la recomendación de la limpieza y desinfección de superficies de alto contacto. El uso profesional de desinfectantes de conocida efectividad para la inactivación del SARS-CoV-2 cumple un papel fundamental. Un estudio titulado “Inactivación in vitro de SARS-CoV-2 mediante productos y métodos de desinfección de uso común”, de investigadores del Ministerio de Salud de China, reporta sobre desinfectantes clorados, que aquel que contenía 250 mg / L de cloro disponible tardó 20 minutos en inactivar eficazmente el SARS-CoV-2, de igual manera el desinfectante que contenía 500 mg / L de cloro disponible tardó 5 min para inactivar eficazmente el SARS-CoV-2, y el desinfectante que contenía 1000 mg / L de cloro disponible necesitó menos de 0, 5 min para inactivar eficazmente el virus. En cuanto a sales de amonio cuaternario una dilución de 170 mg / L de desinfectante DNB puede inactivar eficazmente el SARS-CoV-2 después de 5 min de tiempo de acción. Frente a una concentración de DNB de 212 mg / L el virus se inactivó con una eficacia similar a la dilución 283 mg / L y concentraciones más altas de DNB requirieron solo 0.5 min para inactivar el virus de manera eficiente. Sobre el uso de alcoholes, se señala que una solución al 20% de etanol no pudo inactivar el virus, mientras que la solución al 30% de etanol pudo inactivar el virus de manera eficiente en 1 min. Una solución desinfectante con 40% o más de etanol requirió solo 0.5 minutos para inactivar el SARS-CoV-2 de manera eficiente. Por último, sobre el uso de farmacoterapia, después

de varios meses de retraso, se está reiniciando Solidarity, un estudio global dirigido por la Organización Mundial de la Salud que probará tres nuevos medicamentos en pacientes hospitalizados con COVID-19. Los fármacos que se buscan experimentar son el medicamento contra el cáncer imatinib, un anticuerpo llamado infliximab que se usa para tratar enfermedades autoinmunes y artesunato, un antimalárico. En junio de 2020, un ensayo en Reino Unido encontró que la dexametasona, un esteroide de bajo costo, redujo hasta en un tercio las muertes. En febrero de 2021 investigadores de Recovery anunciaron que tocilizumab, un anticuerpo monoclonal

que bloquea el receptor de la interleucina-6, redujo un poco más la mortalidad. Ambos fármacos actúan amortiguando la respuesta inmune excesiva en pacientes gravemente enfermos, por lo que los nuevos medicamentos a experimentar también se dirigen al sistema inmunológico en lugar del virus en sí. La pandemia viene generando sinergias y tensiones entre la ciencia y la política, sin embargo, urge que los esfuerzos converjan en acciones concretas en beneficio de la población, sobre todo aquella más vulnerable, pues el impacto sanitario incluyendo la salud mental y la crisis económica cada vez es mayor.